1865: El lirio y el gatazo

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Don Bosco, San Juan Bosco, BoscoEl 6 de febrero de 1865, Don Bosco, después de las oraciones de la noche, al dirigirse a sus jóvenes se expresó en los siguientes términos: Hace dos o tres días tuve un sueño. ¿Quieren que se los cuente? Como los amo tanto, siempre sueño que me encuentro en su compañía.

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Pareció, pues, encontrarme en medio del patio, rodeado de mis queridos hijitos, cada uno de los cuales tenía en la mano una flor.

Quién una rosa, quién una azucena, quién una violeta, quién una rosa y un lirio al mismo tiempo. En suma: unos tenían una flor y otros otra. Cuando de pronto aparece un enorme gatazo con cuernos, completamente negro, grande como un perro, de ojos encendidos como brasas y cuyas uñas eran gruesas como un clavo y su vientre descomunalmente abultado.

La horrible bestia se acercaba cautelosamente a los jóvenes y dando vueltas alrededor de ellos, ahora daba un zarpazo a la flor del uno arrojándosela al suelo, ahora hacía lo mismo con la de otro y así sucesivamente. Ante la aparición de este animal, yo me sentí lleno dé espanto y muy maravillado al comprobar que los jóvenes no se inmutaban lo más mínimo, sino que continuaban como si nada sucediese.

Cuando me di cuenta de que el gato se dirigía hacia mí para arrebatarme mi flor, comencé a huir.

Pero me detuvieron y oí que me decían:
—No huyas y di a tus muchachos que levanten el brazo y así el gato no logrará arrebatarles las flores de las manos.

Yo me detuve y levanté el brazo: el gatazo hacía inauditos esfuerzos por arrebatarme las flores; saltaba una y otra vez, pero como era tan pesado no lograba conseguir su intento.

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El lirio, la azucena, mis queridos hijos, representan la bella virtud de la modestia a la cual el diablo hace continua guerra. ¡Ay de aquellos jóvenes que no mantienen la flor en alto! El demonio se la lleva haciéndola caer al suelo. Los que así se conducen son los que halagan su cuerpo comiendo desordenadamente y fuera de tiempo; los que rehuyen del trabajo; el estudio, entregándose al ocio; aquellos a los cuales agradan ciertas conversaciones; los que leen ciertos libros; los que no quieren saber nada de mortificación. Por caridad, combatid a este enemigo; de otra manera, él se enseñoreará de Vosotros.. Tales victorias son difíciles, pero la eterna sabiduría nos ha sugerido el medio para conseguirlas: Hoc genus daemoniorum non ejicitur nisi per orationem et jejunium.

Levanten su brazo, levanten en alto su flor y estarán seguros. Las modestia es una virtud celestial y el que quiera conservarla es necesario que se eleve hacia el cielo. Sálvense, pues, con la oración.

La oración que los levanta a¡ cielo es la de la mañana y de la noche bien rezadas; oración es la meditación y la Misa; oración es la Confesión frecuente y la Comunión; oración son las pláticas y las exhortaciones de los superiores; oración es la Visita a Jesús Sacramentado; oración es el Santo Rosario; oración es el estudio.

Con la oración su corazón se ensanchará y se elevará al cielo y así podrán decir con el rey David: Viam mandatorum tuorum cucurri, cum dilatasti cor meum. Así pondrán a salvo la más bella de las virtudes y su enemigo, por más esfuerzos que haga, no se la podrá arrebatar.

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  1. Argelialopez. 2000@GMAIL.COM

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