Novena a María Auxiliadora: Día 01. El sueño de los nueve años

EL SUEÑO DE LOS NUEVE AÑOS

A la tierna edad de 9 años Don Bosco tuvo su primer sueño. Jesús y la Virgen le profetizaron, aunque en forma velada, su futura misión. Pensó que estaba cerca de su casa, rodeado de una multitud de niños que se divertían en un gran patio. Algunos se reían, otros jugaban, no pocos maldecían.

Al escuchar las palabrotas, se lanzó en medio de ellos, usando puños y palabras para silenciarlos. Y he aquí, un Hombre venerable, noblemente vestido, con un rostro tan luminoso que Juanito no podía fijar la mirada.

Lo llamó por su nombre y le ordenó que se pusiera al frente de esos muchachos: «No con golpes, sino con mansedumbre y la caridad, tendrás que ganarte estos amigos».

Don Bosco lo contó de esta manera: casi sin saber lo que estaba diciendo, le pregunté: “¿Quién eres tú que me ordenas cosas imposibles? Precisamente porque es algo que te parece imposible, debes hacerlo posible con la obediencia y la adquisición de la ciencia”. “¿Dónde y cómo adquirir la ciencia? Te daré la maestra. Bajo su guía podrás ser sabio; sin ella, toda sabiduría se convierte en necedad”.
—Pero ¿quién eres que me hablas de esta manera?
—Yo soy el hijo de aquella a quien tu madre te enseñó a saludar tres veces al día.
—Mi madre me dice que, sin su permiso, no me junte con los que no conozco. Por tanto, dígame su nombre.
—Mi nombre, pregúntaselo a mi Madre.

En ese momento vi a su lado una mujer de aspecto majestuoso, vestida con una manta que brillaba por todas partes, como si cada punto fuera una estrella muy brillante. Al verme confundido, me insinuó que se acercara a ella, me tomó de la mano y me dijo: “Mira”. Al mirar, me di cuenta de que aquellos chicos habían escapado. En su lugar, observé una multitud de cabritos, perros, gatos, osos y otros muchos animales.

He aquí tu campo, he aquí donde tienes que trabajar. Hazte humilde, fuerte, robusto; y cuanto veas que ocurre ahora con estos animales, lo deberás hacer tú con mis hijos. Luego volví la vista y observé que en lugar de animales feroces, aparecían tantos corderos suaves, que saltaban, corrían, bendecidos como para celebrar a ese Hombre y a esa Señora. Luego, todavía en el sueño, comencé a llorar y le pedí a esa Señora que hablara para que yo pudiera entender.

Ella puso su mano sobre mi cabeza y dijo: “A su tiempo, entenderás todo”.

Parroquia Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, María Auxiliadora, Virgen Auxiliadora, Virgen de Don Bosco, NovenaREFLEXIONES DEL RECTOR MAYOR

El propio Don Bosco escribe: “No sé lo que me sucedió en ese lúgubre suceso. Solo recuerdo y es el primer hecho de la vida, donde todos salían de la habitación del difunto, y yo quería quedarme.

Ven Juanito, ven conmigo, repetía la madre triste. “Si papá no viene, no quiero ir”, respondí.
– Pobre hijo, dijo la madre, ven conmigo, ya no tienes padre.

Dicho esto, rompió a gritar, me tomó de la mano y me llevó a otro lado, mientras yo lloraba porque estaba llorando. Porque a esa edad ciertamente no podía entender cuán grande era la pérdida de su padre”.

Desde ese momento, Juanito y sobre todo Don Bosco, había entendido que en la vida siempre hay dos madres: la gran mamá Margarita y la Virgen del cielo. Es hermoso ver que en la cúpula de la Basílica de María Auxiliadora, ella tiene la mano extendida para llevarla a todos sus hijos, a nosotros, y ha sido lo mismo para Don Bosco.

Él tenía la convicción que siempre fue acompañado y guiado en su vida por la madre del cielo, María Auxiliadora.

TESTIMONIO

María ha estado siempre presente. Desde que era un niño, siempre ha estado en la familia. Pero ciertamente, en los años de formación como salesiano, me he sentía más cerca. Se ha convertido en una presencia cada vez más íntima y constante en mi vida. Seguramente el rezo del rosario fue el gran descubrimiento de estos años y es una oración que se vuelve cada vez más mía y que me hace sentir bien. Especialmente al final del día es agradable poder rezar el rosario, poder ver mi día con María, poner algunas cosas en orden, confiarle muchas cosas, muchas preocupaciones. El rosario se ha convertido en mi aliento, en una tomar aire fresco. Nunca he tenido eventos especiales relacionados con mi relación con María, sino una hermosa vida cotidiana, sana, profunda. Y digo que María es mi madre por dos cosas en particular: perseverancia y pureza.

Si pienso en muchos momentos de estos años en los que quizás prevaleció el desánimo, un poco de desilusión, mis limitaciones, ¡María fue la que me dio esperanza! Ella me enseñó a esperar y muchas veces también oré por algunos hermanos, confié su perseverancia y si todavía siguen como Salesianos, ¡también es gracias a María!

Y la otra cosa es la pureza. Veo a María como un gran modelo de amor. María me enseñó a amar de una manera pura, libre, limpia y transparente, y lo vivo cada día y lo experimento poniéndome en su escuela y sintiéndola caminar a mi lado.

ORACIÓN

Querida madre, María Auxiliadora, mantennos con tu mano fuerte y dulce y guíanos en los caminos, a menudo, muy difíciles de este mundo.

Apóyanos y ayúdanos a ser humildes, fuertes y robustos para ser intrépidos discípulos de Jesús y auténticos educadores de los jóvenes.

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