Novena a Domingo Savio: Día 07

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Señal de la Cruz

Acto de Contrición

Jesús mi Señor y Redentor, yo m arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna.

Oración Inicial

Señor Dios Padre Celestial: Tú que has suscitado en Santo Domingo Savio un modelo admirable para la juventud, un benefactor eficaz para los pobres y angustiados, y un generoso bienhechor para los que necesitan salud, empleo, facilidades de estudio, tranquilidad espiritual, conversión y otra gracia especial, y que con el auxilio de la Virgen María le has permitido hacer tantos y tan admirables prodigios en favor de los devotos que le rezan con fe, concédenos imitarlo en su gran interés por salvar las almas, y por obtener el mayor bien espiritual y corporal para el prójimo. Imitarlo también en su gran pureza, en su admirable alegría, y en el cumplimiento exacto de los deberes de cada día, y después, gozar de su compañía, junto a Ti en el cielo para siempre.

Por la intercesión de tan amable protector, concédenos las gracias que te pedimos en esta novena.

(Cada uno pida los favores que desea obtener)

Desde ahora aceptamos que se cumpla siempre y en todo tu Santísima Voluntad, pero te suplicamos humildemente que tengas misericordia de nosotros, remedies nuestros males, soluciones nuestras situaciones difíciles y nos concedas aquello que más necesitamos para nuestra vida espiritual y material. Todo esto te lo suplicamos en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, quien contigo y en el Espíritu Santo, vive y reina y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Día Séptimo: Las penitencias de un joven de catorce años

Dice Don Bosco: “Un joven que no hace sacrificios será muy difícil que se conserve sin vicios ni malas costumbres. Presentadme un joven que sabe hacer sacrificios y lo veréis alegre, cumplidor de sus deberes, y lleno de virtudes y cualidades. Pero presentadme uno que duerme todo lo que le da la gana, come hasta ahitarse, bebe cuando quiere y habla sin callar nada, y os digo que pronto caerá en toda clase de vicios”.

Domingo adquirió un gran deseo de hacer penitencias y mortificaciones. Su mejor penitencia era: tener un comportamiento excelente en el templo, en la clase, en el recreo, en la calle, a todas horas y con todoss. Pero además quiso hacer otros sacrificios como los que vamos a relatar enseguida.

Se propuso ayunar toda la Cuaresma, o sea los 40 días anteriores a la Semana Santa, y también todos los sábados del año (Ayunar es hacer sólo una comida al día). Pero su confesor cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, se lo prohibió porque eso le hacía daño para la salud. Quería dejar el desayuno, para hacer penitencia, pero el confesor no se lo permitió porque para un estudiante esto debilita mucho.

Ponía debajo de las sábanas piedrecitas y pedacitos de palo para que lo hicieran sufrir durante la noche, y en pleno invierno se acostaba a dormir casi sin cobijas, para hacer penitencias por los pecadores. Don Bosco al saberlo le prohibió todas estas mortificaciones porque le podían afectar la salud, y le dijo: “De hoy en adelante no puedes hacer ninguna penitencia sin pedirme permiso antes”. Entonces él, con rostro de angustias dijo: “Estoy desconcertado, padre, dice Nuestro Señor que es necesario hacer penitencia si queremos entrar al reino de los cielos, entonces, ¿cómo hago?”.
-“Tu mejor penitencia es la obendiencia”, le respondió su director espiritual.
-¿Pero no podría permitirme otros sacrificios?
-Sí, te permitimos unos sacrificios que te hacen mucho más provecho pero no te hacen daño para la salud. Por ejemplo: soportar con paciencia y silencio las ofensas que te hacen los compañeros. Aguantar con resignación el mucho calor o el demasiado frío. No disgustarte por la lluvia ni por el ventarrón, y sufrir con mucho amor a Dios todas esas indisposiciones de salud que a ti te dan, sin querer que las cosas sucedan de otro modo, sino diciendo como Nuestro Señor: ‘Padre, hágase tu voluntad. Que no se haga lo que yo quiero, suno lo que quieres Tú’. Una gran penitencia es tener paciencia. Si le ofreces a Dios las contrariedades sin ponerte de mal genio, ni renegar, no hacer sufrir a otros, verás que Nuestro Señor te acepta esto como la penitencia que más le agrada a Él”.

Añade Don Bosco: “Contento y lleno de paz con estas palabras, se retiró dispuesto a ser un ‘penitente moderno’, o sea, uno que aprovecha las penas de la vida, para pagar con ellas los pecados de muchos. Los que veían a Domingo Savio con un comportamiento exterior tan tranquilo y tan piadoso podrían decir: ‘¡Qué gracia!, es que a él sí le queda fácil ser santo’. Pero los que lo conocían bien, sabían que su santidad era fruto de un inmenso esfuerzo suyo y de una ayuda especial que Dios le daba,

Por ejemplo, sus ojos. Domingo tenía unos ojos vivacísimos e inquietos. Tenía que hacer un esfuerzo tremendo para tenerlos quietos y no andar mirando a todas partes. A un compañero le contaba: ‘Al principio cuando me propuse no andar por la calle mirándolo todo, sino andar con los ojos recogidos, me costó muchísimo trabajo y padecía grandes dolores de cabeza, hasta que logré acostumbrarme a mortificar mis miradas’. Solía decir a sus compañeros: ‘Los ojos son como las ventanas del alma: por ellos puede entrar el buen espíritu de Dios con las buenas lecturas y los buenos ejemplos, a hacernos santos. Pero también puede entrar el espíritu infernal con lecturas indebidas y ejemplos malos a volvernos unos podridos. Por eso, quien domina bien sus ojos tendrá paz y pureza en el alma’.

Los compañeros sabían que su amigo Savio destrozaba con todo valor cualquier revista pornográfica o libro dañoso que encontrara. Y les repetía con valentía: ‘Cuidado que las malas miradas, también las catiga Dios’.

Otro ejemplo: sus palabras. La Sagrada Escritura dice: ‘Hay que ser prontos para escuchar, pero muy prudentes para hablar’. Domingo no era uno de esos tipos demasiado callados que no le dan ninguna importancia a lo que los demás hablan y que al presentarse como demasiado serios dan la sensación de que desprecia a los demás. Pero tampoco era uno de esos charlatanes que hablan y hablan sin dejar a los otros oportunidad de intervenir. Él, cuando otros hablaban, callaba respetuosamente, pero escuchaba con toda atención, porque nada hay que tanto agrade como uno que sí da importancia a lo que decimos en la conversación.

Sus maestros y compañeros han declarado en varias ocasiones que jamás oyeron de labios de Domingo una palabra menos digna, y que nunca tuvieron que llamarle la atención por estar charlando fuera de tiempo en la clase ni en ninguna otra parte. En él se cumplía aquella frase famosa de Santiago: ‘Si alguno no ofende con su lengua, ese sí que es un varón perfecto'”.

Ejemplo: Una larga lista de milagros

Domingo ha hecho muchísimos milagros. Especialmente a las mamás para dar a luz sin peligro ni complicaciones. A las familias que no tenían hijos les ha concedido ese preciado don de Dios. Miles de enfermos fueron curados por rezarle con fe. A los jóvenes les consigue estudios, a los mayores, empleos, etc.

En 1929, Albino de Siano, jovencito de Italia, estaba tan grave que el médico le dejó escrito el permiso para que lo enterraran. Pero la mamá se consiguió un cuadro y la oración a Domingo Savio y le rezó con mucha fe, y aquella noche sin saber cómo, ni por qué, el jovencito se levantó de la cama totalmente curado. Y así ha hecho muchos milagros más. Porque ‘todo es posible para quien tiene fe’.

Práctica

Haré hoy algún pequeño sacrificio por amor a Dios.

Himno y Gozos

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

Oid el lema tan sagrado, de Jesucristo Redentor;
abajo el vicio y el pecado, viva el trabajo y la oración.
Ha de vencer la juventud cristiana, a las huestes sin fe, de Satán;
porque es su excelsa inmortal capitana, la Auxiliadora Celestial.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

A lucha cual Domingo Savio, supo valiente en la lid combatir;
siempre repitan como él nuestros labios, nunca pecar, antes morir.
Quiero vivir repitiendo, antes morir que pecar.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

Gloria, oh Savio, a ti se cante, bella flor de juventud;
haz de nuestra alma tan amante, como tú de la virtud.
Por senda de lirios, que lleva al Edén,
invita a las almas, que anhelan el bien.
Oh angélico Savio, modelo gentil,
tu ejemplo enardezca, la edad juvenil.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

De tu bella juventud, oh Domingo, fue ideal;
el vivir venciendo al mal, y buscando la virtud.
La dulzura de tu vida, fue la Santa Eucaristía.
Y por eso fuiste fuerte, y por eso fuiste puro
como un ángel de alegría.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

De Don Bosco tu maestro, eres fúlgida victoria;
y aprendiste la sonrisa, que difunde las bellezas infinitas de la gloria.
Oh modelo juvenil, haz que crezca la pureza,
haz que crezca el heroísmo, y sigamos tus ejemplos
con amor y fortaleza.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

Oración Final

Angélico Domingo Savio, que en la escuela de Don Bosco aprendiste a recorrer los caminos de la santidad juvenil, enséñanos a imitar tu amor a Jesús y María y tu celo por la salvación de las almas, y alcánzanos del Señor que practicando tu lema: “Antes morir que pecar”, podamos conseguir la salvación eterna. Tú que pasaste la vida amando a Dios y haciendo el bien a los demás, intercede ante el Señor para que si conviene para el bien de nuestra alma nos conceda la gracia que te estamos pidiendo en esta novena, y pídele a la Divina Bondad que después de una vida llena de buenas obras en esta tierra, logremos hacerte compañía alabando en el cielo al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Jaculatoria

Santo Domingo Savio, ruega por nosotros.

Señal de la Cruz

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