Novena a Domingo Savio: Día 05

Mira la novena breve a Santo Domingo Savio presionando aquíDomingo Savio, Santo Domingo Savio, Savio, Salesiano, Salesianos, Las Charcas, Parroquia Espíritu Santo, Novena

Señal de la Cruz

Acto de Contrición

Jesús mi Señor y Redentor, yo m arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna.

Oración Inicial

Señor Dios Padre Celestial: Tú que has suscitado en Santo Domingo Savio un modelo admirable para la juventud, un benefactor eficaz para los pobres y angustiados, y un generoso bienhechor para los que necesitan salud, empleo, facilidades de estudio, tranquilidad espiritual, conversión y otra gracia especial, y que con el auxilio de la Virgen María le has permitido hacer tantos y tan admirables prodigios en favor de los devotos que le rezan con fe, concédenos imitarlo en su gran interés por salvar las almas, y por obtener el mayor bien espiritual y corporal para el prójimo. Imitarlo también en su gran pureza, en su admirable alegría, y en el cumplimiento exacto de los deberes de cada día, y después, gozar de su compañía, junto a Ti en el cielo para siempre.

Por la intercesión de tan amable protector, concédenos las gracias que te pedimos en esta novena.

(Cada uno pida los favores que desea obtener)

Desde ahora aceptamos que se cumpla siempre y en todo tu Santísima Voluntad, pero te suplicamos humildemente que tengas misericordia de nosotros, remedies nuestros males, soluciones nuestras situaciones difíciles y nos concedas aquello que más necesitamos para nuestra vida espiritual y material. Todo esto te lo suplicamos en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, quien contigo y en el Espíritu Santo, vive y reina y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Día Quinto: Un remedio para ser apóstol

Don Bosco le recomendó: ‘Domingo, si quieres entusiasmarte por el apostolado tienes que leer libros que hablen de la vida de los grandes apóstoles y santos, y leer libros que hablen de las misiones’. Savio aceptó el buen consejo y se dedicó a cumplirlo. Leía con gran alegría la vida de San Felipe Neri, el santo de la continua alegría, y la de San Francisco de Sales, el santo de la perpetua amabilidad. Le gustaba leer la biografía de San Francisco Javier, el famoso misionero que bautizó más de 300,00 asiáticos, y sobre todo le emocionaba la vida de San Luis Gonzaga, el joven que a los 23 años era ya un portento de santidad, el más puro e inocente de los santos modernos. En todos ellos encontraba que se habían hecho santos dedicándose totalmente a ayudar a sus prójimos y a amar y hacer amar cada día más y más al buen Dios.

Don Bosco aconsejaba continuamente a sus jóvenes la lectura de libros buenos porque él sabía que en la cabeza no puede haber dos pensamientos al mismo tiempo. Así que si llega el pensamiento de un libro bueno, éste echa fuera inmediatamente los pensamientos dañosos o inútiles que quisieran estar allí.

Don Bosco conocía también que el joven admira a los que han triunfado en la vida y quiere ser como ellos. Por eso presentaba ante los jóvenes las biografías de los más grandes triunfadores de la historia: los santos, que triunfaron contra sus pasiones y fueron los mejores benefactores de la humanidad. Les recordaba a sus alumnos que una buena lectura hizo de un joven muy pecador un gran santo: San Agustín. Que un militar vanidoso y lleno de defectos, al leer la vida de Cristo y de los santos se convirtió en el gran fundador de los jesuitas: San Ignacio. Y él mismo recordaba cómo en su juventud, al leer un buen libro, “La imitación de Cristo”, dejó muchos de sus antiguos defectos y empezó a ser otro, totalmente distinto. Él sabía por experiencia propia que en un buen libro habla directamente Dios, y que cuando Dios habla, la persona no es capaz de quedarse en sus vicios y pecados, sino que empieza a ser mejor. Por eso era tan grande propagandista de las buenas lecturas, y gozaba en repetir: “Sólo en el cielo sabremos el inmenso bien que hicimos propagando libros buenos”. (Ya en el cielo habrá sabido el gran bien que hizo a Domingo Savio aconsejándole leer libros religiosos, sobre todo las biografías de los santos, y revistas formativas).

Con la lectura de las biografías de santos, y de revistas de misiones, Savio adquirió un gran deseo de extender él también el reino de Dios por medio de sus palabras.

Cada semana reunía grupos de niños y les enseñaba catecismo y aun a sus compañeros trataba de hablarles de temas que hicieran bien a sus almas. No dejaba ocasión oportuna sin dar algún buen consejo a un compañero; y a quienes decían o hacían algo que iba contra la ley de Dios, les llamaba la atención con mucha educación, pero a la vez con mucha valentía; se dedicó con total fervor a tratar de que sus compañeros fueran más buenos y amaran más a Dios, y más de una vez se le oyó exclamar: “Ah, si pudiera ganar para Dios a todos mis compañeros, y obtener que viiveran sin pecado y llenos de obras buenas, ¡cuán feliz sería!”.

Ejemplo: Hechos singulares y extraordinarios

1. No sentía correr el tiempo. Muchas veces después de recibir la Sagrada Comunión, o cuando iba a visitar a Nuestro Señor expuesto en la Santa Hostia, Domingo se quedaba tan emocionado orando ante la presencia del Señor, que si no era llamado por alguno para avisarle que ya era hora de ir a otros deberes, se quedaba allí por largas horas, sin sentir correr el tiempo.

2. El día en que no aparecía por ninguna parte. Un día no fue a clase, ni tampoco al comedor, y nadie sabía dónde estaba. Don Bosco fue al dormitorio y no lo encontró. En el salón de estudio tampoco. Entonces se le ocurrió que le había pasado lo que otras veces le sucedía: que estaba en la iglesia sin darse cuenta que el tiempo iba pasando. Fue al templo y allí lo encontró: inmóvil; tenía un pie sobre el otro. Una mano sobre el atril donde se coloca el misal y la otra sobre el pecho; con el rostro brillante y los ojos fijos en el altar. Don Bosco lo llama varias veces y no le responde. Entonces lo sacude con fuerza. Domingo vuelve a mirarle y le pregunta:
-¿Padre, ya se acabó la misa?
-Son las dos de la tarde
-Ah, padre, excúseme que haya faltado a clases

Don Bosco lo mandó a almorzar y para que los demás no le importunaran con sus preguntas, le dijo: ‘si alguien te pregunta dónde estabas, les dices que habías ido a cumplir una orden del padre director”.

3. Dialogando con lo invisible. Un día entró Don Bosco en la capilla y oyó un diálogo. Era Domingo que decía: ‘Sí, Dios mío, yo os amo mucho. Sí, oh Señor, yo os lo repito: os quiero amar hasta la muerte. Oh, mi Dios: si ves que voy a ofenderte haz que yo me muera antes que cometer un pecado. Sí, oh Señor: antes morir que pecar’. El sacerdote le preguntó qué eran esos diálogos y él con la mayor sencillez le respondió: ‘Es que cuando me pongo a rezar empiezo a ver cosas tan bellas, que el tiempo se me pasa sin darme cuenta. ¡Oh, qué maravillas tiene Dios reservadas para los que lo aman!’.

Un día Donbosco explicaba a un grupo de jóvenes en el recreo aquella frase de Jesús: ‘Dichosos los puros de corazón porque ellos verán a Dios’, y les decía que cuanto más pura sea una persona en esta vida mucho más cerca estará de Dios por toda la eternidad. Domingo se llenó de emoción, sus ojos brillaban de alegría, su rostro estaba sonrosado como quien recibe la más bella de las felicitaciones, y se quedó inmóvil, casi desmayado. Los compañeros tuvieron que apoyarlo sobre sus brazos, porque estaba totalmente fuera de sí, del entusiasmo ante la noticia de que un día iba a estar muy cerca de Dios, amándolo para siempre.

Él no podía repetir con San Pablo: ‘Nuestro pensamiento vive ya en el cielo’. En él se cumplían aquellas palabras de Jesús: ‘Te bendigo, Padre Celestial, porque has revelado tus secretos no a los grandes y sabios, sino a los pequeñuelos y humildes’.

Práctica

Conseguiré, leeré y prestaré un buen libro.

Himno y Gozos

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

Oid el lema tan sagrado, de Jesucristo Redentor;
abajo el vicio y el pecado, viva el trabajo y la oración.
Ha de vencer la juventud cristiana, a las huestes sin fe, de Satán;
porque es su excelsa inmortal capitana, la Auxiliadora Celestial.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

A lucha cual Domingo Savio, supo valiente en la lid combatir;
siempre repitan como él nuestros labios, nunca pecar, antes morir.
Quiero vivir repitiendo, antes morir que pecar.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

Gloria, oh Savio, a ti se cante, bella flor de juventud;
haz de nuestra alma tan amante, como tú de la virtud.
Por senda de lirios, que lleva al Edén,
invita a las almas, que anhelan el bien.
Oh angélico Savio, modelo gentil,
tu ejemplo enardezca, la edad juvenil.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

De tu bella juventud, oh Domingo, fue ideal;
el vivir venciendo al mal, y buscando la virtud.
La dulzura de tu vida, fue la Santa Eucaristía.
Y por eso fuiste fuerte, y por eso fuiste puro
como un ángel de alegría.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

De Don Bosco tu maestro, eres fúlgida victoria;
y aprendiste la sonrisa, que difunde las bellezas infinitas de la gloria.
Oh modelo juvenil, haz que crezca la pureza,
haz que crezca el heroísmo, y sigamos tus ejemplos
con amor y fortaleza.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

Oración Final

Angélico Domingo Savio, que en la escuela de Don Bosco aprendiste a recorrer los caminos de la santidad juvenil, enséñanos a imitar tu amor a Jesús y María y tu celo por la salvación de las almas, y alcánzanos del Señor que practicando tu lema: “Antes morir que pecar”, podamos conseguir la salvación eterna. Tú que pasaste la vida amando a Dios y haciendo el bien a los demás, intercede ante el Señor para que si conviene para el bien de nuestra alma nos conceda la gracia que te estamos pidiendo en esta novena, y pídele a la Divina Bondad que después de una vida llena de buenas obras en esta tierra, logremos hacerte compañía alabando en el cielo al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Jaculatoria

Santo Domingo Savio, ruega por nosotros.

Señal de la Cruz

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