Novena a Domingo Savio: Día 04

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Mira la novena breve a Santo Domingo Savio presionando aquí

Señal de la Cruz

Acto de Contrición

Jesús mi Señor y Redentor, yo m arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna.

Oración Inicial

Señor Dios Padre Celestial: Tú que has suscitado en Santo Domingo Savio un modelo admirable para la juventud, un benefactor eficaz para los pobres y angustiados, y un generoso bienhechor para los que necesitan salud, empleo, facilidades de estudio, tranquilidad espiritual, conversión y otra gracia especial, y que con el auxilio de la Virgen María le has permitido hacer tantos y tan admirables prodigios en favor de los devotos que le rezan con fe, concédenos imitarlo en su gran interés por salvar las almas, y por obtener el mayor bien espiritual y corporal para el prójimo. Imitarlo también en su gran pureza, en su admirable alegría, y en el cumplimiento exacto de los deberes de cada día, y después, gozar de su compañía, junto a Ti en el cielo para siempre.

Por la intercesión de tan amable protector, concédenos las gracias que te pedimos en esta novena.

(Cada uno pida los favores que desea obtener)

Desde ahora aceptamos que se cumpla siempre y en todo tu Santísima Voluntad, pero te suplicamos humildemente que tengas misericordia de nosotros, remedies nuestros males, soluciones nuestras situaciones difíciles y nos concedas aquello que más necesitamos para nuestra vida espiritual y material. Todo esto te lo suplicamos en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, quien contigo y en el Espíritu Santo, vive y reina y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Día Cuarto: El gran amor de Domingo por la Virgen María

Dice San Juan Bosco:

Desde muy pequeño, el amor de este joven por la Santísima Virgen fue muy notorio, y siempre se manifestaba en buenas obras y tratando de contagiar a otros jóvenes con esta bella devoción. En la vida de San Estanislao había leído que este santo, que murió muy joven, narró al morir lo siguiente: ‘Yo obtuve un gran amor a la Madre de Dios, con este sencillo método: no dejando, ni un sólo día sin hacer algo por ella’.

Por eso Domingo se esmeraba en no dejar pasar el día sin hacer algo por Nuestra Señora: un día perdonaba en su honor a un compañero que le había ofendido. Otro día regalaba sus dulces a otro, como ofrenda a la Virgen María. Cada sábado en los recreos narraba a algunos compañeros su ejemplo acerca de la Madre de Dios. Al acostarse y al levantarse besaba la medalla de la Virgen que llevaba siempre colgada al cuello. En sus libros tenía una estampa de la Reina del Cielo y de vez en cuando estampaba un cariñoso beso en esa imagen de la Buena Madre Celestial.

Cuando llegaba de la calle (era seminterno) iba al altar de la Virgen y arrodillado ante su imagen le rezaba alguna oración y le pedía el gran favor de conservarse puro y sin pecado durante toda su vida (y esta gracia la obtuvo abundantemente).

Cada día ofrecía a María Santísima alguna mortificación. Los sacerdotes le habían repetido frecuentemente la frase de Jesús: ‘El que quiera ser mi amigo tiene que negarse a sí mismo’, y aquella otra frase de Santo Tomás: ‘El que no hace sacrificios, aunque haga milagros no es santo’. Por eso trataba de ofrecer día por día algún pequeño sacrificio. Y así por ejemplo, cuando viajaba por las calles procuraba llevar los ojos bajos y no andar mirando todo lo que se le presentaba. Era un sacrificio que le costaba, pero que agradaba mucho a Nuestro Señor. Un compañero disgustado por esto le dijo: ‘¿Qué haces con tus ojos? ¿Entonces para qué los tienes? Hay que emplearlos en mirar estas vitrinas, estos avisos, estos circos, estas funciones tan agradables que se ven por las calles’. Y Domingo le respondió: ‘Mis ojos los guardo para mirar en el cielo a mi buen Dios, y para contemplar un día en el Paraíso el rostros de mi Madre, María Santísima’.

Pedía prestados libros que hablaran de la Santísima Virgen, leía ejemplos agradables y simpáticos y después los contaba a sus compañeros. Ya se sabía que alumno que fuera amigo de Domingo Savio se volvía también muy devoto de la Madre de Dios, y no fallaría en confesarse y comulgar para cada fiesta mariana.

Ejemplo: ¿Por qué a Domingo Savio lo invocan tanto las madres cuando tendrán un hijo?

El 6 de septiembre de 1856 (seis meses antes de su muerte) Domingo Savio se presenta a Don Bosco:
-¿Padre, me puede dar permiso para ir a visitar a mi mamá? Es que está gravísima.
-Claro que sí. ¿Pero, quién te ha contado que está grave?

El joven no le contestó, pero Don bosco, que ya sabía cómo Domingo recibía mensajes de lo alto, le dio dinero para el viaje y lo envió a su casa.

Al llegar al sitio donde la carretera central se encuentra con la que va a Mondonio, Domingo se encontró con su padre, que venía muy afanado a buscar a un médico-

-Hijo, tu mamá está muy grave-, le dijo, y siguió a la ciudad en busca del médico.

Domingo llegó a la casa. Todos estaban sumamente afanados porque la señora Brígida, que iba a tener un hijo (hermanito de Domingo) probablemente se iba a morir y con ella su criatura.

Savio llegó al lecho donde su madre estaba sufriendo. Le dio un abrazo y un beso y enseguida se quitó un escapulario de la Virgen que él llevaba, y se lo puso en el cuello a la mamá diciendo: ‘Mamacita, la Virgen María te quiere dar salud’. Y salió de la pieza.

¡Ya no hacía falta que viniera el médico!

Poco después la señora dio a luz una bella criatura, sin complicaciones de salud. Domingo al volver al colegio le dijo a Don Bosco: ‘La Virgen María curó a mi mamá, por medio de un escapulario que le puse al cuello”.

Aquel famoso escapulario empezó a hacerse muy famoso. Cuando una mamá iba a tener un hijo y estaba en serios problema de salud y con peligro de muerte para ella o para la criatura, mandaban llevarle el escapulario de Domingo Savio y la criatura nacía sin complicaciones.

Así se hizo muy famoso Domingo Savio entre las señoras y ahora miles y miles de mujeres de todo el mundo, cuando van a tener un hijo, empiezan a rezar a Domingo para que les ayude, y consiguen una imagen suya y se la cuelgan al cuello. Y su ayuda prodigiosa no se hace esperar.

Hogares que antes no tenían hijos, invocaron al joven Savio, y Dios les concedió la anhelada familia. Madre sufrían muchísimo al dar a luz, ahora después de invocar a este joven santo han resuelto sus angustias y ya no es un calvario la llegada del nuevo hijo.

Se sigue cumpliendo lo que Jesucristo prometió: ‘Pedid y se os dará. Todo el que pide recibe’.

Práctica

Diré hoy varias veces: ‘María Auxiliadora, rogad por nosotros. Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos’.

Himno y Gozos

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

Oid el lema tan sagrado, de Jesucristo Redentor;
abajo el vicio y el pecado, viva el trabajo y la oración.
Ha de vencer la juventud cristiana, a las huestes sin fe, de Satán;
porque es su excelsa inmortal capitana, la Auxiliadora Celestial.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

A lucha cual Domingo Savio, supo valiente en la lid combatir;
siempre repitan como él nuestros labios, nunca pecar, antes morir.
Quiero vivir repitiendo, antes morir que pecar.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

Gloria, oh Savio, a ti se cante, bella flor de juventud;
haz de nuestra alma tan amante, como tú de la virtud.
Por senda de lirios, que lleva al Edén,
invita a las almas, que anhelan el bien.
Oh angélico Savio, modelo gentil,
tu ejemplo enardezca, la edad juvenil.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

De tu bella juventud, oh Domingo, fue ideal;
el vivir venciendo al mal, y buscando la virtud.
La dulzura de tu vida, fue la Santa Eucaristía.
Y por eso fuiste fuerte, y por eso fuiste puro
como un ángel de alegría.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

De Don Bosco tu maestro, eres fúlgida victoria;
y aprendiste la sonrisa, que difunde las bellezas infinitas de la gloria.
Oh modelo juvenil, haz que crezca la pureza,
haz que crezca el heroísmo, y sigamos tus ejemplos
con amor y fortaleza.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

Oración Final

Angélico Domingo Savio, que en la escuela de Don Bosco aprendiste a recorrer los caminos de la santidad juvenil, enséñanos a imitar tu amor a Jesús y María y tu celo por la salvación de las almas, y alcánzanos del Señor que practicando tu lema: “Antes morir que pecar”, podamos conseguir la salvación eterna. Tú que pasaste la vida amando a Dios y haciendo el bien a los demás, intercede ante el Señor para que si conviene para el bien de nuestra alma nos conceda la gracia que te estamos pidiendo en esta novena, y pídele a la Divina Bondad que después de una vida llena de buenas obras en esta tierra, logremos hacerte compañía alabando en el cielo al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Jaculatoria

Santo Domingo Savio, ruega por nosotros.

Señal de la Cruz

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