Capítulo 06: En la escuela de Mondonio. Soporta una grave calumnia

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Parece que la divina providencia quiso dar a entender a este niño que el mundo es un verdadero destierro y que vamos constantemente peregrinando, o dispuso, más bien, que viviese en diversos pueblos para que así se mostrase en muchas partes como espejo de singular virtud.

“A fines del año 1852 los padres de Domingo se retiraron de Murialdo, para fijar su residencia en Mondonio, que es una pequeña aldea en los confines de Castelnuovo.

Mondonio o Mondomio, o también Mondone, es un pueblecito de unos cuatrocientos habitantes. Dista dos millas de Castelnuovo de Asti, con el que tiene fácil comunicación por medio de una carretera trazada últimamente abriendo un túnel en la colina. Hay recuerdos de este pueblo que se remontan al 1034. Por el tratado de Cherasco pasó en 1631 al dominio de la casa de Saboya (Cf. CASALIS, Diccionario).

Siguió allí Domingo el mismo tenor de vida que en Murialdo y Castelnuovo; por lo que tendría que repetir todo lo que de él escribieron sus anteriores maestros; y, puesto que el señor Cugliero , de quien fue alumno, hace de él una relación casi igual, extracto de ella algunos hechos particulares, omitiendo lo restante para no incurrir en inútiles repeticiones:
«Yo puedo decir-me escribe-que, en veinte años que trabajo en la instrucción de los niños, jamás he tenido alguno que en piedad se pudiera comparar con Domingo. Era niño en los años, pero juicioso como un hombre maduro. Su inteligencia y asiduidad en el estudio y su afabilidad le granjeaban el afecto de su maestro y lo hacían muy amable a sus compañeros. Cuando lo, veía en la iglesia, quedaba maravillado al ver tanto recogimiento en un jovencito de tan tierna edad; más de una vez dije para mí: He aquí un alma inocente que goza ya de las delicias del paraíso y que con sus afectos parece habitar con los ángeles del cielo».

Entre los hechos que refiere su maestro es de notar, particularmente, el siguiente:

«Un día se cometió entre mis alumnos una falta, y era tal que el culpable merecía la expulsión de la escuela. Los delincuentes previnieron el golpe, y, presentándose al maestro, de común acuerdo, echaron la culpa a nuestro Domingo. Yo no llegaba a persuadirme de que fuera capaz de semejante falta, pero supieron los acusadores dar tal color de verdad a la calumnia, que hube de creerles. Entré, por lo tanto, en la escuela justamente indignado por el desorden acaecido, hablé al culpable en general y, vuelto luego a Savio, le dije:
-¿Y habías de ser tú? ¿No merecerías que te expulsara al instante de la escuela? Da gracias a Dios que es la primera vez que has hecho una cosa semejante; pero que sea también la última.

»A Domingo le habría bastado una sola palabra para disculparse y dar a conocer su inocencia; mas calló, bajó la cabeza y, como si tuviera la reprensión bien merecida, no levantó los ojos.

»Pero como Dios protege a los inocentes, al día siguiente fueron descubiertos los verdaderos culpables y demostrada la inocencia de Domingo. Lleno de pesar por las reprensiones hechas al presunto culpable, le llamé aparte y le pregunté:
-Domingo, ¿por qué no me dijiste que eras inocente?

El me respondió:
-Porque, habiendo ya el culpable cometido otras faltas, tal vez hubiera sido expulsado de la escuela; en cuanto a mí, esperaba ser perdonado, siendo la primera falta de que se me acusaba. Además, pensaba también en nuestro divino Salvador, que fue injustamente calumniado.

»Callé entonces, pero todos admiraron la paciencia y virtud de Domingo, que había sabido devolver bien por mal hasta estar dispuesto a soportar un grave castigo en favor del calumniador».

Hasta aquí el señor Cugliero.

El sacerdote José Cugliero pasó unos años en Pino de Chieri como beneficiado, y tras una vida ejemplar descansó en el ósculo del Señor en ese mismo pueblo.

La relación de don Cugliero se adelantó en cuatro meses a la de don Allora (SP 450-452). Está fechada en Mondonio el 10 de abril de 1857, un mes apenas después de la muerte. Don Bosco introduce también datos de otras fuentes, tal vez orales, y aun del mismo Cugliero, de quien fue luego gran amigo y confidente.

Carlos Savio, concejal y condiscípulo de Domingo, da fe de la travesura, de la calumnia y de las relativas consecuencias. «Fui testigo presencial de este hecho. El maestro lo castigó de rodillas en medio de la clase» (PS 313 y 98). La travesura consistió en llenar la estufa de nieve y de piedras.

Salotti (1. c., p.30) descubre en la conducta de Domingo el ejercicio heroico de tres virtudes: La humillación libremente aceptada y practicada delante de los compañeros y del maestro; la caridad para con los culpables, cuya culpa acepta; un inmenso amor a Dios, en cuyo nombre sufre pacientemente la calumnia, que le recuerda al divino Salvador injustamente acusado por los hombres».

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