Novena a Domingo Savio: Día 02

Domingo Savio, Santo Domingo Savio, Savio, Salesiano, Salesianos, Las Charcas, Parroquia Espíritu Santo, Novena

Mira la novena breve a Santo Domingo Savio presionando aquí

Señal de la Cruz

Acto de Contrición

Jesús mi Señor y Redentor, yo m arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna.

Oración Inicial

Señor Dios Padre Celestial: Tú que has suscitado en Santo Domingo Savio un modelo admirable para la juventud, un benefactor eficaz para los pobres y angustiados, y un generoso bienhechor para los que necesitan salud, empleo, facilidades de estudio, tranquilidad espiritual, conversión y otra gracia especial, y que con el auxilio de la Virgen María le has permitido hacer tantos y tan admirables prodigios en favor de los devotos que le rezan con fe, concédenos imitarlo en su gran interés por salvar las almas, y por obtener el mayor bien espiritual y corporal para el prójimo. Imitarlo también en su gran pureza, en su admirable alegría, y en el cumplimiento exacto de los deberes de cada día, y después, gozar de su compañía, junto a Ti en el cielo para siempre.

Por la intercesión de tan amable protector, concédenos las gracias que te pedimos en esta novena.

(Cada uno pida los favores que desea obtener)

Desde ahora aceptamos que se cumpla siempre y en todo tu Santísima Voluntad, pero te suplicamos humildemente que tengas misericordia de nosotros, remedies nuestros males, soluciones nuestras situaciones difíciles y nos concedas aquello que más necesitamos para nuestra vida espiritual y material. Todo esto te lo suplicamos en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, quien contigo y en el Espíritu Santo, vive y reina y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Día Segundo: Su Primera Comunión

Narra así Juan Bosco: “Nada faltaba a Domingo Savio para que fuese admitido a la Primera Comunión. Se sabía perfectamente el Catecismo, y tenía enormes deseos de recibir a Jesucristo en su corazón. Lo único que se opnía era que apenas tenía siete años y en ese tiempo la Primera Comunión la daban sólo a los doce. Pero el párroco consultó a otros sacerdotes y ellos, al saber lo santo que era el jovencito, le aconsejaron que sin más le permitieran comulgar. Indecible fue la alegría que esta noticia le produjo. Corrió a la casa y lo anunción con gran gozo a su madre. Unos ratos se dedicaba a leer libros buenos, otros a rezar, y permanecía bastante tiempo en la iglesia antes y después de las Misas. Parecía que su alma gozaba ya de las alegrías del cielo”.

La víspera del día señalado para la comunión, fue a su madre y le dijo: ‘Mamá, mañana voy a hacer mi Primera comunión, perdóneme todos los disgustos que le dí en el pasado; le prometo portarme mejor en adelante, ser aplicado en la escuela, respetuoso con los mayores, y muy obediente en todo’. La mamá, que podría repetir con la Biblia: ‘El hijo bueno es gozo y honor para sus pardres”. y que no había recibido de este niño sino consuelos y alegrías, sintióse conmovida y le dijo: ‘Vete tranquilo, querido Domingo, pues todo está perdonado: ruega a Dios para que te conserve siempre bueno, y reza mucho por tu papá y tu mamá’.

La mañana de aquel día memorable se levantó muy temprano y, vestido con su mejor traje, se fue a la Iglesia. Fue el primero en entrar al templo y el último en salir. Con la preparación a la Primera Comunión, la Santa Misa (que fue muy solemne) y su detenida acción de gracias, Domingo estuvo cinco horas seguidas esa mañana en la casa de Dios.

En todo este tiempo no sabía si vivía en el cielo o en la tierra.

¡Tan emocionado estaba!

Aquel día lo recordó siempre por toda su vida como el más bello de todos los que vivió en la tierra, y puede considerarse esta fecha como el verdadero principio de su vida de santidad. Hasta entonces había sido sencillamente un niño bueno. Desde ahora empezó a ser un niño santo.

Algunos años después, al hablarle de su Primera Comunión, se emocionaba, y con un brillo de alegría en sus ojos y en su rostro, exclamaba: ‘¡Ah!, aquel día fue para mí un día grande. ¡El día más hermoso!’.

Al volver a su casa después de comulgar por primera vez, Savio redactó una tarjetica que se ha hecho famosa en todo el mundo y que guardó siempre en un libro de oraciones y la leía a menudo para cumplirla siempre. Esa tarjetica decía lo siguiente: ‘Propósitos que yo, Domingo Savio, hice en 1849, el día de mi Primera comunión, a los siete años de edad.

1. Mis amigos serán Jesús y María.
2. Santificaré los días de fiesta, y en ellos comulgaré.
3. Prefiero morir antes que pecar.’

Estos recuerdos que leía y repetía a menudo, fueron la norma de todos sus actos hasta el fin de su vida. Sus dos grandes amistades fueron Jesús nuestro Señor, por quien todo lo soportaba con gusto y a quien ofrecía todo lo que hacía. Y María, para quien fue el hijo más cariñoso hasta el último momento de su existencia.

Ejemplo: Los ojos que ya no podían ver nada

El joven Eduardo Donato venía sufriendo un temible dolor de ojos. Cuatro médicos lo habían recetado y no obtenía ninguna curación. La luz le hacía mucho daño. Tenía que vivir en piezas muy oscuras. Si leía algo se le irritaban los ojos espantosamente. Lleno de desánimo y tristeza fue a visitar a Don Bosco. Este le dijo: ‘Hagamos el ensayo a ver si Domingo Savio te puede ayudar. Desde hoy empiezas a rezar alguna oración cada día. Comulgas estos nueve días y dices de vez en cuando: Domingo Savio, ruega por mí”. Eduardo empezó su novena y la mejoría empezó a ser notoria. Como al cuarto día Don Bosco le dijo: ‘Llévate este trapito negro, que era el que se colocaba Savio en sus ojos cuando le ardían. Colócatelo sobre tus ojos y acuéstate un ratico a descansar”. El joven lo hizo así y dice que de pronto sintió como le lvaban frescamente los ojos; el ardor desapareció, la luz dejó de molestarle, ahora ya podía leer sin molestia alguna. Estaba repentina y totalmente curado.

Al saber este milagro, muchas personas que sufrían enfermedades en los ojos empezaron a encomendarse a Domingo Savio, y al poco tiempo ya se habían obrado varios milagros de curaciones admirables.

Práctica

Haré una breve visita a Jesús Sacramentado en algún templo.

Himno y Gozos

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

Oid el lema tan sagrado, de Jesucristo Redentor;
abajo el vicio y el pecado, viva el trabajo y la oración.
Ha de vencer la juventud cristiana, a las huestes sin fe, de Satán;
porque es su excelsa inmortal capitana, la Auxiliadora Celestial.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

A lucha cual Domingo Savio, supo valiente en la lid combatir;
siempre repitan como él nuestros labios, nunca pecar, antes morir.
Quiero vivir repitiendo, antes morir que pecar.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

Gloria, oh Savio, a ti se cante, bella flor de juventud;
haz de nuestra alma tan amante, como tú de la virtud.
Por senda de lirios, que lleva al Edén,
invita a las almas, que anhelan el bien.
Oh angélico Savio, modelo gentil,
tu ejemplo enardezca, la edad juvenil.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

De tu bella juventud, oh Domingo, fue ideal;
el vivir venciendo al mal, y buscando la virtud.
La dulzura de tu vida, fue la Santa Eucaristía.
Y por eso fuiste fuerte, y por eso fuiste puro
como un ángel de alegría.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

De Don Bosco tu maestro, eres fúlgida victoria;
y aprendiste la sonrisa, que difunde las bellezas infinitas de la gloria.
Oh modelo juvenil, haz que crezca la pureza,
haz que crezca el heroísmo, y sigamos tus ejemplos
con amor y fortaleza.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

Oración Final

Angélico Domingo Savio, que en la escuela de Don Bosco aprendiste a recorrer los caminos de la santidad juvenil, enséñanos a imitar tu amor a Jesús y María y tu celo por la salvación de las almas, y alcánzanos del Señor que practicando tu lema: “Antes morir que pecar”, podamos conseguir la salvación eterna. Tú que pasaste la vida amando a Dios y haciendo el bien a los demás, intercede ante el Señor para que si conviene para el bien de nuestra alma nos conceda la gracia que te estamos pidiendo en esta novena, y pídele a la Divina Bondad que después de una vida llena de buenas obras en esta tierra, logremos hacerte compañía alabando en el cielo al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Jaculatoria

Santo Domingo Savio, ruega por nosotros.

Señal de la Cruz

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: