Novena a Domingo Savio: Día 01

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Mira la novena breve a Santo Domingo Savio presionando aquí

Señal de la Cruz

Acto de Contrición

Jesús mi Señor y Redentor, yo m arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna.

Oración

Señor Dios Padre Celestial: Tú que has suscitado en Santo Domingo Savio un modelo admirable para la juventud, un benefactor eficaz para los pobres y angustiados, y un generoso bienhechor para los que necesitan salud, empleo, facilidades de estudio, tranquilidad espiritual, conversión y otra gracia especial, y que con el auxilio de la Virgen María le has permitido hacer tantos y tan admirables prodigios en favor de los devotos que le rezan con fe, concédenos imitarlo en su gran interés por salvar las almas, y por obtener el mayor bien espiritual y corporal para el prójimo. Imitarlo también en su gran pureza, en su admirable alegría, y en el cumplimiento exacto de los deberes de cada día, y después, gozar de su compañía, junto a Ti en el cielo para siempre.

Por la intercesión de tan amable protector, concédenos las gracias que te pedimos en esta novena.

(Cada uno pida los favores que desea obtener)

Desde ahora aceptamos que se cumpla siempre y en todo tu Santísima Voluntad, pero te suplicamos humildemente que tengas misericordia de nosotros, remedies nuestros males, soluciones nuestras situaciones difíciles y nos concedas aquello que más necesitamos para nuestra vida espiritual y material. Todo esto te lo suplicamos en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, quien contigo y en el Espíritu Santo, vive y reina y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Día Primero: Datos tomados de la biografía de Santo Domingo Savio escrita por Don Bosco

Domingo Savio nació el 2 de abril de 1842, en Riva, pueblecito de Italia, no muy lejos de Roma. Su padre, Ángel Savio, era herrero o mecánico, La mamá, Brígida, trabajaba en costura. Ambos eran muy pobres pero muy buenos cristianos.

Tuvieron nueve hijos, cinco varones y cuatro niñas. Domingo fue el segundo entre todos, pero pronto, al morir el primogénito, quedó como el mayor de la familia.

Los padres y la niñez de Domingo

Todos los cuidados de los buenos padres de Domingo, Carlos y Brígida, se dirigían a dar educación cristiana a su hijo. El niño Savio estaba dotado de una naturaleza suave y de un corazón muy inclinado a la piedad para con Dios y al buen trato para con la gente. Aprendió con extraordinaria facilidad las oraciones Padre Nuestro, Ave María, Credo y Salve, y a los cuatro años ya las rezaba solo. Muy obediente a sus padres, solamente se retiraba de ellos cuando se alejaba a un rincón de la casa para dedicarse por breves ratos a orar.

Afirman sus padres que desde muy pequeño tenía como su mayor virtud obedecer en todo, y aún más, muchas veces como que adivinaba lo que le iban a mandar y hacía los favores antes de que sus familiares se los pidieran.

“Cuando por las tardes Domingo salía a saludarme cariñosamente y a decirme que en pago de lo que yo trabajaba por la familia, él rezaría mucho por mí, yo me sentía muy satisfecho, porque esto me demostraba que el niño tenía un corazón muy agradecido, lo cual es señal de una buena personalidad”, decía su padre.

Nunca tenían los papás que recordarle que rezara al levantarse, y que no se acostara sin haber rezado, sino que más bien él invitaba a los demás familiares a rezar, cuando a ellos se les olvidaba.

Un día sus padres, distraídos por otras ocupaciones, se sentaron a la mesa sin haber hecho la señal de la cruz ni dado gracias a Dios por la alimentación, y Domingo les dijo: “Papá, se nos olvidó darle gracias a Dios por lo bueno que es, y por los alimentos que nos regala”.

Su párroco y profesor, el padre Juan Zucca, dice de Savio lo siguiente: “Cuando me veía por la calle corría a saludarme. Su rostro era puro como el de un ángel; y siempre fue sumamente respetuoso con los mayores. En la escuela aprovechaba muy bien el tiempo y progresaba rápidamente en sus estudios.

Tenía por compañeros a unos niños muy traviesos y disipados, pero jamás sucedió que tuviera alguna pelea o alegato con ninguno. Si alguno empezaba a ofenderlo, soportaba con paciencia las ofensas que el otro le hacía, y después se retiraba discretamente. No recuerdo haberle visto jamás tomar parte en las patanerías que hacían los muchachos, ni causar en la clase la más mínima molestia, antes bien, invitado por algunos malos compañeros para ir a burlarse de algunos viejitos, o tirar piedras, o robar frutas, o hacer daños en los alrededores, se negaba valerosamente, diciendo: “Nuestro Señor nos está viendo y oyendo. Él premia lo bueno que hacemos, pero castiga todo lo malo”. Era admirable el fercor con el que ayudaba a la Misa, aunque era todavía tan pequeño. Después de su Primera Comunión se notaba que era aún mucho mejor que antes. Y yo al ver la obra maravillosa que la gracia de Dios estaba obrando en este niño pensaba y me decía: ‘He aquí un niño que llegará a ser una persona muy santa. Quiera Dios que siga así, porque el Señor lo va a bendecir enormemente'”.

Ejemplos: Los primeros milagros de Domingo Savio

Cuenta Don Bosco lo siguiente: “Los jóvenes que habían conocido a Domingo Savio comentaban: ‘Si éste no está en el cielo, ¿quién entonces podrá ir allá? Porque otro alumno mejor no hemos conocido’. Y desde que se supo la noticia de su muerte empezaron a pedirle favores.

Uno sufría terribles dolores de muelas que eran su tormento semana por semana. Se encomendó a Domingo, y sus atroces dolores desaparecieron y no volvieron a molestarlo. Lo mismo le pasó a otros que eran muy molestados por fiebres y jaquecas.

En 1858 uno de los jóvenes que habían estudiado grado octavo de bachillerato con Domingo en el año anterior, empezó a sentir tales mareos y dolores de cabeza que le era imposible estudiar. Había consultado varios médicos y ninguno lograba curarlo. Viendo que si seguía así iba a perder el curso. se puso a hacer una novena en honor de su compañero Domingo. Cada día le rezaba algo, suplicándole que él que había sido su compañero de curso, le pidiera a Dios que lo curara de estos males tan molestos.

Al quinto día de la novena desaparecieron sus enfermedades, y pudo seguir estudiando hasta que aprobó muy bien su noveno grado de bachillerato.

Práctica

Durante el día trataré de acordarme algunas veces de Dios, para ofrecerle todo lo que hago, pienso, sufro y hablo.

Himno y Gozos

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

Oid el lema tan sagrado, de Jesucristo Redentor;
abajo el vicio y el pecado, viva el trabajo y la oración.
Ha de vencer la juventud cristiana, a las huestes sin fe, de Satán;
porque es su excelsa inmortal capitana, la Auxiliadora Celestial.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

A lucha cual Domingo Savio, supo valiente en la lid combatir;
siempre repitan como él nuestros labios, nunca pecar, antes morir.
Quiero vivir repitiendo, antes morir que pecar.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

Gloria, oh Savio, a ti se cante, bella flor de juventud;
haz de nuestra alma tan amante, como tú de la virtud.
Por senda de lirios, que lleva al Edén,
invita a las almas, que anhelan el bien.
Oh angélico Savio, modelo gentil,
tu ejemplo enardezca, la edad juvenil.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

De tu bella juventud, oh Domingo, fue ideal;
el vivir venciendo al mal, y buscando la virtud.
La dulzura de tu vida, fue la Santa Eucaristía.
Y por eso fuiste fuerte, y por eso fuiste puro
como un ángel de alegría.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

De Don Bosco tu maestro, eres fúlgida victoria;
y aprendiste la sonrisa, que difunde las bellezas infinitas de la gloria.
Oh modelo juvenil, haz que crezca la pureza,
haz que crezca el heroísmo, y sigamos tus ejemplos
con amor y fortaleza.

Queremos Domingo Savio, antes morir que pecar.

Oración Final

Angélico Domingo Savio, que en la escuela de Don Bosco aprendiste a recorrer los caminos de la santidad juvenil, enséñanos a imitar tu amor a Jesús y María y tu celo por la salvación de las almas, y alcánzanos del Señor que practicando tu lema: “Antes morir que pecar”, podamos conseguir la salvación eterna. Tú que pasaste la vida amando a Dios y haciendo el bien a los demás, intercede ante el Señor para que si conviene para el bien de nuestra alma nos conceda la gracia que te estamos pidiendo en esta novena, y pídele a la Divina Bondad que después de una vida llena de buenas obras en esta tierra, logremos hacerte compañía alabando en el cielo al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Jaculatoria

Santo Domingo Savio, ruega por nosotros.

Señal de la Cruz

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