Novena a María Auxiliadora: Día 07

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Jesús, mi Señor y Redentor

Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón, porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno.

Propongo firmemente no volver a pecar, y confío que por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas, y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

Oración para todos los días

Señor Dios, rey Omnipotente: en tus manos están puestas todas las cosas. Si quieres salvar a tu pueblo nadie puede resistir a tu voluntad. Tú hiciste el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene. Tú eres el dueño de todas las cosas. ¿Quién podrá pues resistir a tu Majestad?

Señor, Dios de nuestros padres: ten misericordia de tu pueblo porque los enemigos del alma quieren perdernos y las dificultades que se nos presentan son muy grandes. Tú has dicho: “Pedid y se os dará. El que pide recibe. Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá. Pero pedid con fe”. Escucha pues nuestras oraciones.

Perdona nuestras culpas. Aleja de nosotros los castigos que merecemos y has que nuestro llanto se convierta en alegría para que viviendo alabemos tu Santo Nombre y continuemos alabándolo eternamente en el cielo. Amén.

Oración a María Santísima Auxiliadora

Acuérdate, ¡Oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir, que alguno de cuantos han acudido a tu socorro, haya sido abandonado por ti.

Animados por esta confianza a ti acudimos, y aunque agobiados por el peso de nuestros pecados, nos atrevemos a implorar tu favor, pues eres abogada de los pecadores y Auxilio de los Cristianos. No deseches, ¡Oh Madre de Dios!, nuestras humildes súplicas, más bien alcánzanos el perdón de nuestros pecados, luz y acierto para hacer una buena confesión de todos ellos, virtud para conservar siempre la gracia de Dios y con tu auxilio, conseguir nuestra eterna salvación.

Y si conviene para el bien de nuestras almas, te pedimos los siguientes favores:

En silencio presenta tus súplicas a María Auxiliadora

y deseamos, Madre Auxiliadora, que en todo se cumpla la voluntad de Dios. Amén.

Rezar un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

DÍA SÉPTIMO

Confiad en María Auxiliadora, y lo que no pueden hacer los médicos, lo sabrá hacer ella.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (16, 19-31)

Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas. El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado. En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. Entonces exclamó: “Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan”.

“Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí”. El rico contestó: “Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la cada de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento”. Abraham respondió: “Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen”.

“No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán”. Pero Abraham respondió: “Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán”».
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús.

Una medalla y una bala

Mi esposo estaba de celador en una oficina del banco. Tres asaltantes lo atacaron. Le dispararon varios tiros, pero ante su valerosa defensa y las señales de alarma, tuvieron que huír. Después del peligroso ataque de los maleantes notamos con estupor que en el bolsillo de su uniforme, frente al corazón, tenía la perforación hecha por una bala. Seguimos investigando y descubrimos que la bala había pegado hasta la medalla de María Auxiliadora que él llevaba colgada siempre del bolsillo de su camisa, y al tropezar con la medalla la bala que iba dirigida hacia el corazón, cambió de dirección y se dirigió hacia el hombro causándole apenas un ligero rasguño.

En nombre de toda la familia damos las más sinceras gracias a María Auxiliadora y enviamos una ayuda para que repartan medallas de tan buena protectora. (María Prado).

Práctica

Apartaré ropas o alimentos para los pobres o visitaré a algún enfermo o preso.

Gozos

Responder a cada uno: “Consuelo del cristiano, María Auxiliadora, al alma que implora escucha con piedad”.

La nave de San Pedro en esta mar bravía, con mano fuerte guía al puerto hasta llegar.
Sostén al gran piloto protege al Santo Padre, sobre él tiende tu manto que es manto tutelar.

Cual planta delicada que la corriente mece, en este mundo crece la tierna juventud.
¡Oh Madre!, no permitas que se aje su belleza, concédele pureza y amor a la virtud.

Acude en mi socorro ¡Oh Virgen Poderosa!, si pérfida me acosa maligna tentación.
Ahuyenta del demonio el silbo traicionero, servirte sólo quiero te doy mi corazón.

Jamás se oyó en el mundo en la extendida esfera, que alguno a ti acudiera sin ver tu compasión.
Por eso hoy a tu trono me llego con confianza, pues sé que en mi esperanza no encierra una ilusión.

Y luego allá el día de mi postrera hora, María Auxiliadora tu auxilio invocaré.
Y entonces confiado envuelto entre tu manto, con sueño dulce y santo en paz me dormiré.

Oración Final

¡Oh Dios! que por la fecunda virginidad de María nos diste al Autor de la vida y entregaste al género humano los tesoros de la salvación eterna, te rogamos que nos hagas sentir siempre el consuelo de tu protección; líbranos por su intercesión de los males presentes y de la muerte eterna; concédenos tu ayuda pues somos débiles, has que nos levantemos de nuestra maldad y que por la bondad de tan excelente Auxiliadora luchemos con valor acá en la tierra para que podamos alabar tus victorias en el cielo.

Te pedimos Señor, que nosotros tus siervos gocemos siempre de salud del alma y cuerpo, y por la intercesión gloriosa de Santa María la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo, y has que logremos en la hora de la muerte la victoria contra el maligno enemigo y obtengamos las alegrías del cielo. Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Rezar un Ave María por las intenciones del Santo Padre

Jaculatorias

Jesús, José y María bendecid nuestros hogares.
Jesús, José y María libradnos de todo mal.
Jesús, José y María salvad nuestras almas. Amén.

Señal de la Cruz

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