Novena a María Auxiliadora: Día 04

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Jesús, mi Señor y Redentor

Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón, porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno.

Propongo firmemente no volver a pecar, y confío que por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas, y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

Oración para todos los días

Señor Dios, rey Omnipotente: en tus manos están puestas todas las cosas. Si quieres salvar a tu pueblo nadie puede resistir a tu voluntad. Tú hiciste el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene. Tú eres el dueño de todas las cosas. ¿Quién podrá pues resistir a tu Majestad?

Señor, Dios de nuestros padres: ten misericordia de tu pueblo porque los enemigos del alma quieren perdernos y las dificultades que se nos presentan son muy grandes. Tú has dicho: “Pedid y se os dará. El que pide recibe. Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá. Pero pedid con fe”. Escucha pues nuestras oraciones.

Perdona nuestras culpas. Aleja de nosotros los castigos que merecemos y has que nuestro llanto se convierta en alegría para que viviendo alabemos tu Santo Nombre y continuemos alabándolo eternamente en el cielo. Amén.

Oración a María Santísima Auxiliadora

Acuérdate, ¡Oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir, que alguno de cuantos han acudido a tu socorro, haya sido abandonado por ti.

Animados por esta confianza a ti acudimos, y aunque agobiados por el peso de nuestros pecados, nos atrevemos a implorar tu favor, pues eres abogada de los pecadores y Auxilio de los Cristianos. No deseches, ¡Oh Madre de Dios!, nuestras humildes súplicas, más bien alcánzanos el perdón de nuestros pecados, luz y acierto para hacer una buena confesión de todos ellos, virtud para conservar siempre la gracia de Dios y con tu auxilio, conseguir nuestra eterna salvación.

Y si conviene para el bien de nuestras almas, te pedimos los siguientes favores:

En silencio presenta tus súplicas a María Auxiliadora

y deseamos, Madre Auxiliadora, que en todo se cumpla la voluntad de Dios. Amén.

Rezar un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

DÍA CUARTO

Este es el Salvador, que Dios ha enviado para iluminar a todas las naciones.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (2, 22-35)

Cumplidos los cuarenta días de nacido, José y María llevaron a Jesús al templo de Jerusalén para presentarlo al Señor, según está mandado en la ley de Moisés: “Todo primogénito será consagrado al Señor”. Había en Jerusalén un hombr ejusto y piadoso llamado Simeón. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu vino al templo y al entrar los padres con el Niño Jesús para cumplir lo que prescribe la ley, Simeón lo tomó en sus brazos y bendiciendo a Dios dijo: “Ahora Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante los pueblos, luz para alumbrar las naciones y gloria a tu pueblo Israel”. Su padre y su madre estaban maravillados de las cosas que decían de él. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: “Este niño está puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel, y para signo de contradicción y una espada atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones”.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús.

Un caso histórico de actualidad

Hace pocos años un agente de policía estaba desesperado por las travesuras que le hacía su hijo mayor, el cual no asistía casi nunca a las clases por quedarse en la calle jugando y peleando. Un día el profesor le mandó esta tarjeta: “Le aviso que su hijo no ha venido hoy a clases y que lo han visto bañándose en un pozo muy peligros en el río”.

El pobre policía se llenó de cólera y esperó en la puerta de su casa a que retornara el desobediente. La esposa temblaba al sólo pensar la tragedia que se aproximaba. Ella conocía el mal genio de su marido. Al fin apareció en muchacho. Venía lleno de barro y con los vestidos destrozados. El hombre no dijo palabra. Lo agarró de la camisa, y casi arrastrándolo se lo llevó calle arriba. La gente contemplaba asustada.

Con el muchacho así fuertemente agarrado para que no se le escapara, nuestro policía penetró en una oscura iglesia, y dirigiéndose a una capilla lateral arrodilló a su hijo de un fuerte empujón, ante la imagen de la Santísima Virgen, y le dijo con la voz entrecortada por la cólera y la desilusión: “Señora, yo no he podido con este sinvergüenza. Aquí se lo dejo a ver si en sus manos sí se arregla”. Y se fue.

El muchacho quedó aturdido. Pasado un rato levantó los ojos y contempló la imagen de la Virgen que parecía mirarlo con ojos de tristeza. Las últimas palanbras de su padre seguían zumbando en sus oídos: “A ver si en sus manos se arregla”. Se quedó un rato en silencio y luego exclamó: “Señora, verás que sí me voy a enmendar”. Y salió resuelto a cambiar de conducta. Desde aquel día se convirtió en consuelo y orgullo de sus padres. Llegó a ser uno de los mejores obispos de Canadá.

Práctica

Por amor a Dios, callaré cuando esté de mal genio.

Gozos

Responder a cada uno: “Consuelo del cristiano, María Auxiliadora, al alma que implora escucha con piedad”.

La nave de San Pedro en esta mar bravía, con mano fuerte guía al puerto hasta llegar.
Sostén al gran piloto protege al Santo Padre, sobre él tiende tu manto que es manto tutelar.

Cual planta delicada que la corriente mece, en este mundo crece la tierna juventud.
¡Oh Madre!, no permitas que se aje su belleza, concédele pureza y amor a la virtud.

Acude en mi socorro ¡Oh Virgen Poderosa!, si pérfida me acosa maligna tentación.
Ahuyenta del demonio el silbo traicionero, servirte sólo quiero te doy mi corazón.

Jamás se oyó en el mundo en la extendida esfera, que alguno a ti acudiera sin ver tu compasión.
Por eso hoy a tu trono me llego con confianza, pues sé que en mi esperanza no encierra una ilusión.

Y luego allá el día de mi postrera hora, María Auxiliadora tu auxilio invocaré.
Y entonces confiado envuelto entre tu manto, con sueño dulce y santo en paz me dormiré.

Oración Final

¡Oh Dios! que por la fecunda virginidad de María nos diste al Autor de la vida y entregaste al género humano los tesoros de la salvación eterna, te rogamos que nos hagas sentir siempre el consuelo de tu protección; líbranos por su intercesión de los males presentes y de la muerte eterna; concédenos tu ayuda pues somos débiles, has que nos levantemos de nuestra maldad y que por la bondad de tan excelente Auxiliadora luchemos con valor acá en la tierra para que podamos alabar tus victorias en el cielo.

Te pedimos Señor, que nosotros tus siervos gocemos siempre de salud del alma y cuerpo, y por la intercesión gloriosa de Santa María la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo, y has que logremos en la hora de la muerte la victoria contra el maligno enemigo y obtengamos las alegrías del cielo. Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Rezar un Ave María por las intenciones del Santo Padre

Jaculatorias

Jesús, José y María bendecid nuestros hogares.
Jesús, José y María libradnos de todo mal.
Jesús, José y María salvad nuestras almas. Amén.

Señal de la Cruz

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