Novena a María Auxiliadora: Día 01

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Jesús, mi Señor y Redentor

Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón, porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno.

Propongo firmemente no volver a pecar, y confío que por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas, y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

Oración para todos los días

Señor Dios, rey Omnipotente: en tus manos están puestas todas las cosas. Si quieres salvar a tu pueblo nadie puede resistir a tu voluntad. Tú hiciste el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene. Tú eres el dueño de todas las cosas. ¿Quién podrá pues resistir a tu Majestad?

Señor, Dios de nuestros padres: ten misericordia de tu pueblo porque los enemigos del alma quieren perdernos y las dificultades que se nos presentan son muy grandes. Tú has dicho: “Pedid y se os dará. El que pide reci be. Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá. Pero pedid con fe”. Escucha pues nuestras oraciones.Perdona nuestras culpas. Aleja de nosotros los castigos que merecemos y has que nuestro llanto se convierta en alegría para que viviendo alabemos tu Santo Nombre y continuemos alabándolo eternamente en el cielo. Amén.

Oración a María Santísima Auxiliadora

Acuérdate, ¡Oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir, que alguno de cuantos han acudido a tu socorro, haya sido abandonado por ti.

Animados por esta confianza a ti acudimos, y aunque agobiados por el peso de nuestros pecados, nos atrevemos a implorar tu favor, pues eres abogada de los pecadores y Auxilio de los Cristianos. No deseches, ¡Oh Madre de Dios!, nuestras humildes súplicas, más bien alcánzanos el perdón de nuestros pecados, luz y acierto para hacer una buena confesión de todos ellos, virtud para conservar siempre la gracia de Dios y con tu auxilio, conseguir nuestra eterna salvación.

Y si conviene para el bien de nuestras almas, te pedimos los siguientes favores:

En silencio presenta tus súplicas a María Auxiliadora

y deseamos, Madre Auxiliadora, que en todo se cumpla la voluntad de Dios. Amén.

Rezar un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

DÍA PRIMERO

Tened fe en María Auxiliadora y veréis lo que son los milagros.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (1,26-35; 38)

Fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios, a una ciudad de Galilea llamada Nazaret a una virgen desposada con un varón llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y presentándose a ella le dijo: “Salve, llena de gracia, el Señor es contigo”. Ella se turbó al oír aquellas palabras y discurría qué podría significar aquella salutación. El Ángel le dijo: “No temas María porque has hallado gracia delante de Dios, y concebirás y darás a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y llamado Hijo del Altísimo y le dará el Señor Dios el trono de David su padre”. Dijo María al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, pues no conozco varón?”. El ángel le contestó y dijo: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por esto el hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios”. Dijo entonces María: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús.

La batalla de Lepanto

En el siglo dieciséis, los mahometanos estaban invadiendo a Europa. En este tiempo no había la tolerancia de unas religiones para con las otras. Y ellos a donde llegaban imponían a la fuerza su religión y destruían todo lo que fuera Cristiano. Cada año invadían nuevos territorios de los católicos, llenando de muerte y de destrucción todo lo que ocupaban, y ya estaban amenazando con invadir la misma Roma. Fue entonces cuando el Sumo Pontífice Pío V, gran devoto de la Virgen María, convocó a los Príncipes Católicos para que salieran a defender a sus colegas de religión. Pronto se formó un buen ejército y se fueron en busca del enemigo. El 7 de octubre de 1572 se encontraron los dos ejércitos en un sitio llamado el Golfo de Lepanto. Los mahometanos tenían 282 barcos y 88,000 soldados. Los cristianos eran inferiores en número. Antes de empezar la batalla, los soldados cristianos se confesaron, oyeron la Santa Misa, comulgaron, rezaron el Rosario y entonaron un canto a la Madre de Dios. Terminados estos actos se lanzaron como un huracán en busca del ejército contrario. Al principio la batalla era desfavorable para los cristianos, pues el viento corría en dirección opuesta a la que ellos llevaban, y detenía sus barcos, que eran todos de vela, es decir, movidos por el viento. Pero luego de manera admirable el viento cambió de rumbo, batió fuertemente las velas de los barcos del ejército cristiano, y los empujó con fuerza, contra las naves enemigas. Entonces nuestros soldados dieron una carga tremenda y en poco rato derrotaron por completo a sus adversarios. Es de notar que mientras la batalla se llevaba a cabo, el Papa Pío V, con una gran multitud de fieles, recorría las calles de Roma rezando el Santo Rosario. En agradecimiento de tan espléndida victoria, San Pío V mandó que en adelante cada año se celebrara el 7 de octubre la fiesta del Santo Rosario, y que en las letanías se rezara siempre esta oración: “María, Auxilio de los Cristianos, ruega por nosotros”.

Práctica

Por amor a la Virgen, leeré una página de un buen libro católico.

Gozos

Responder a cada uno: “Consuelo del cristiano, María Auxiliadora, al alma que implora escucha con piedad”.

La nave de San Pedro en esta mar bravía, con mano fuerte guía al puerto hasta llegar.
Sostén al gran piloto protege al Santo Padre, sobre él tiende tu manto que es manto tutelar.

Cual planta delicada que la corriente mece, en este mundo crece la tierna juventud.
¡Oh Madre!, no permitas que se aje su belleza, concédele pureza y amor a la virtud.

Acude en mi socorro ¡Oh Virgen Poderosa!, si pérfida me acosa maligna tentación.
Ahuyenta del demonio el silbo traicionero, servirte sólo quiero te doy mi corazón.

Jamás se oyó en el mundo en la extendida esfera, que alguno a ti acudiera sin ver tu compasión.
Por eso hoy a tu trono me llego con confianza, pues sé que en mi esperanza no encierra una ilusión.

Y luego allá el día de mi postrera hora, María Auxiliadora tu auxilio invocaré.
Y entonces confiado envuelto entre tu manto, con sueño dulce y santo en paz me dormiré.

Oración Final

¡Oh Dios! que por la fecunda virginidad de María nos diste al Autor de la vida y entregaste al género humano los tesoros de la salvación eterna, te rogamos que nos hagas sentir siempre el consuelo de tu protección; líbranos por su intercesión de los males presentes y de la muerte eterna; concédenos tu ayuda pues somos débiles, has que nos levantemos de nuestra maldad y que por la bondad de tan excelente Auxiliadora luchemos con valor acá en la tierra para que podamos alabar tus victorias en el cielo.
Te pedimos Señor, que nosotros tus siervos gocemos siempre de salud del alma y cuerpo, y por la intercesión gloriosa de Santa María la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo, y has que logremos en la hora de la muerte la victoria contra el maligno enemigo y obtengamos las alegrías del cielo. Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Rezar un Ave María por las intenciones del Santo Padre

Jaculatorias

Jesús, José y María bendecid nuestros hogares.
Jesús, José y María libradnos de todo mal.
Jesús, José y María salvad nuestras almas. Amén.

Señal de la Cruz

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