Los ojos que ya no podían ver

Santo Domingo Savio, Domingo Savio, Milagros Domingo Savio, Salesiano, Salesianos, Las CharcasEl joven Eduardo Donato venía sufriendo un temible dolor de ojos. Cuatro médicos lo habían recetado y no obtenía ninguna curación. La luz le hacía mucho daño. Tenía que vivir en piezas muy oscuras. Si leía algo se le irritaban los ojos espantosamente. Lleno de desánimo y tristeza fue a visitar a Don Bosco. Este le dijo: “Hagamos el ensayo a ver si Domingo Savio te puede ayudar. Desde hoy empiezas a rezar alguna oración cada día. Comulgas estos nueve días y dices de vez en cuando: “Domingo Savio, ruega por mí”.

Eduardo empezó su novena y la mejoría empezó a ser notoria. Como al cuarto día Don Bosco le dijo: “llévate este trapito negro, que era el que se colocaba Savio en sus ojos cuando le ardían. Colócatelo sobre tus ojos y acuéstate un ratito a descansar”. El joven lo hizo así y dice que de pronto sintió como que le lavaban frescamente los ojos: el ardor desapareció, la luz dejó de molestarle, ahora ya podía leer sin molestia alguna. Estaba repentina y totalmente curado.

Al saber este milagro, muchas personas que sufrían enfermedades en los ojos empezaron a encomendarse a Domingo Savio, y al poco tiempo ya se habían obrado varios milagros de curaciones admirables.

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