Un mes con Domingo Savio – Día 04: “Domingo inicia sus estudios”

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Domingo vive en Murialdo, aldea de unos cuatrocientos habitantes. Se ha hecho gran amigo del Capellán y le ayuda la misa con toda perfección. En la escuela es el mejor alumno. Pero debe trasladarse a Castelnuovo para continuar la primaria. Sus padres tienen miedo y con razón, de dejarlo hacer sólo unos cinco kilómetros que separan a Castelnuovo de Murialdo.

-“Madre, -decía Domingo- si yo fuera un pajarito volaría mañana y tarde a Castelnuovo para continuar mis estudios”.

Todos son amigos de Domingo. Brígida lo besa emocionada cada vez que Domingo regresa a la casa con la medalla de honor como premio por su buena conducta y aplicación.

Domingo rechaza los elogios: “Madre, yo sólo hago lo que tengo que hacer. El maestro es muy bueno y siempre perdona tantas faltas que uno comete durante la semana”.

Pero Domingo debe suspender las clases. La madre lo nota demasiado pálido, delgado, cansado. Tiene poca salud. -“Domingo -le dice- debes descansar. En estos meses te has esforzado mucho”.

Su padre tiene que irse de Murialdo para buscar trabajo.

Se trasladan a Mondonio. Pero Domingo conservará recuerdos imperecederos de esos diez años vividos en Murialdo. Se levantaba temprano todos los días, rezaba sus oraciones, tomaba un ligero desayuno y feliz salía hacia Castelnuovo. Dos veces al día hacía este camino, recorriendo unos veinte kilómetros entre ida y vuelta.

PALABRAS DE DOMINGO SAVIO

Si esto no gusta a vuestros padres, no debierais hacerlo, porque el Señor castiga a los hijos que hacen cosas contrarias a lo que mandan su padre o su madre.

PISTAS DE REFLEXIÓN

¿Te gusta recibir elogios y halagos por tu trabajo?

Ten siempre presente que todo lo bueno que realices, Dios ya te lo ha reconocido y te lo recompensará en su debido momento.

ORACIÓN

Tú que fuiste un santo desde tu nacimiento y supiste siempre entregarte al Señor sin miedo, ayúdame a que yo también me entregue a Él y deposite en sus manos mi confianza absoluta. Guíame, Domingo, para que mis pasos me conduzcan por buenos caminos; para que pueda descubrir que en la alegría se encuentra la santidad y que, con amabilidad y amor, debo hacerlo todo en nombre de Dios.

Domingo, se siempre mi modelo a seguir y que mi única preocupación sea no pecar, para que así, con mis actos pueda agradar al Señor y honrarlo con mi vida entera para que, al final de la misma pueda como tú alcanzar la santidad. Amén.

Santo Domingo Savio, ayúdame a ser como tú.

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