Nueve Martes a Don Bosco: Noveno Martes

Salesiano, San Juan Bosco, Don Bosco, Parroquia Espíritu Santo, Las CharcasPara empezar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de Contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, a mí me pesa, Señor, de todo corazón de haberos ofendido, y propongo firmemente nunca más pecar, confesarme, cumplir la penitencia que me fuere impuesta, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos. Os ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y así como os suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita, me los perdonaréis por los méritos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.

Oración

¡Oh glorioso San Juan Bosco! que con tan gran amor y celo cultivasteis las múltiples formas de apostolado que hoy florecen en la Iglesia: conceded a sus asociaciones el mayor progreso y desarrollo. Redoblad en todos los corazones la devoción a la Santísima Eucaristía y a María Auxiliadora de los Cristianos. Acrecentad en ellos el amor al Papa, el celo por la propagación de la fe, un solícito esmero por la educación de la juventud y grandes entusiasmos para suscitar nuevas vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras. Haced que en cada una de las naciones se fomente y arraigue la guerra contra la blasfemia y el mal hablar y contra la prensa impía; haciendo surgir en todas partes nuevos cooperadores para las diversas formas de apostolado recomendadas por el Vicario de Cristo. Conceded que tenga feliz éxito en la campaña por la modestia cristiana y consiga muchos sostenedores: infundid en todos los corazones católicos la llama de vuestro celo para que, viviendo en caridad difusiva, puedan, al fin de su vida, recoger el fruto de las muchas obras buenas practicadas durante ella. Así sea.

NOVENO MARTES: Consideración sobre el Paraíso.

La palabra de Don Bosco

Don Bosco solía decir: Recuerda que trabajas y sufres por un patrón que paga bien. Un pedazo de Paraíso todo lo arregla.

Cuando se le anunciaban dificultades o actos hostiles a sus obras, decía, – Nada de esto habrá en el Paraíso. Y así el huracán de las persecuciones no lograba nunca conmover ese roble de fortaleza cristiana.

Cuando volvía, extenuado de cansancio, de la ciudad y lo invitaba a que, antes de ponerse a confesar o reanudar sus tareas, descansase un poco, respondía invariablemente: Ya descansaremos en el Paraíso.

Ejemplo

Don Bosco tuvo la íntima satisfacción de ver a gran número de sus hijos en el Cielo, en una de esas visiones sobrenaturales, que él, modestamente, llamaba sueños. Una vez narraba – le pareció hallarse de repente sobre una colina. A sus pies se dilataba un extensísimo valle de una belleza deslumbradora. El estaba atónito contemplando los estupendos edificios y los encantadores jardines que lo adornaban, cuando se oyó una voz dulcísima y embriagadora. Se volvió y pudo ver que, por aquellos vergeles, paseaba una gran multitud de jóvenes tocando y cantando. Decía Don Bosco que no hallaba término de comparación que pudiera ilustrar aquella música sublime. En tanto el tropel avanzaba hacia Don Bosco. A la cabeza venía Domingo Savio. Todos reflejaban en el semblante una alegría extraordinaria. Savio se detuvo ante Don Bosco, mirándolo con cariñosa sonrisa. ¡Estaba hermosísimo! Vestía una túnica cuajada de diamantes. Una faja roja, bordada en oro y piedras preciosas, ceñía su cintura. De su cuello pendía un collar de flores las más peregrinas, pues resplandecían con luz vivísima y sus rayos reverberaban en el rostro de Domingo.

Don Bosco, estupefacto, temblaba.

Al fin, Domingo rompió a hablar. -¿Es éste el Don Bosco a quien en otro tiempo nada le asustaba? ¿Dónde está su valor? ¿Por qué no me habla?
-Temo -replicó el Santo- porque ignoro el lugar donde me encuentro. ¿Es éste el lugar de la felicidad? ¿Es éste el premio de los justos?
-No; aquí estamos apenas donde se gozan los bienes temporales, no los eternos.
-¿En el Paraíso?
-No; ningún ojo mortal puede ver las bellezas eternas.

Luego, entre otras cosas, Don Bosco preguntó: ¿Y por qué esa faja roja que llevas a la cintura?. Savio no habló, pero el Padre Alasonatti, que lo acompañaba, comenzó a cantar: Son los vírgenes y seguirán al Cordero dondequiera que vaya”. Don Bosco comprendió: era el símbolo de los grandes sacrificios hechos para conservar la virtud de la Pureza. Siguió interrogando a su discípulo amado y éste le dio, finalmente, tres listas de alumnos divididos en “incólumes”, “heridos” y “cansados en el camino de la iniquidad”. Al abrir Don Bosco la última lista, se esparció tal hedor que creyó morir. En tanto un fragoroso trueno lo despertó. Luego averiguó si las listas correspondían a la realidad, y halló que era realmente así.

Florecilla

Ofrece una fervorosa Comunión en honor de Don Bosco, pidiendo la gracia de la perseverancia final.

Oración

¡Oh bienaventurado Santo! Vos a quien la esperanza del premio eterno os alentó a realizar tan asombrosas empresas; Vos que agrupasteis a tantas juventudes bajo el lábaro salesiano para enderezarlas por la senda del Paraíso: conseguidnos del Señor que, ya que por una singular merced de su misericordia, hemos comenzado a trillar ese sendero, no volvamos atrás los ojos, sino que, alentados con vuestro ejemplo, palabra y protección, logremos terminarlo, asegurando así nuestra eterna felicidad en el Reino celestial del Paraíso. Así sea.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Súplica a San Juan Bosco para obtener del Señor gracias especiales

¡Oh bienaventurado San Juan Bosco! Cuando vivías en la tierra, no había persona que a Vos recurriese sin recibir pronto consuelo y ayuda, pues, por medio de María Auxiliadora, conseguíais de Dios tantos milagros.

Ahora que moráis en el Cielo, tan cerca de Jesús y de María Auxiliadora- vuestra y a la par nuestra tierna Madre- ¿cómo no será mucho más grande vuestro valimiento y poder?

Pues bien: mirad el apuro en que me encuentro, la necesidad que me apremia y auxiliadme con vuestra intercesión valiosísima, obteniéndome la gracia que imploro.

(Aquí se nombra la gracia que se desea alcanzar)

También Vos, en vida habéis probado las privaciones, enfermedades, ingratitudes, afrentas, calumnias, persecuciones…y sabéis lo que es sufrir.

Por eso, oh San Juan Bosco, os ruego volváis benigno a mi vuestra mirada y me otorguéis cuanto os pido, o lo que fuere de mayor bien para mí.

Obtenedme, sobre todo, una perfecta conformidad con la voluntad de Dios, para que sea meritoria la cruz que la Divina Bondad se complace en regalarme.

Pongo, asimismo, bajo vuestro potente patrocinio a todos los seres de mi familia, para que los defendáis de todo mal, en el alma y en el cuerpo y podamos así todos, un día, haceros corona en el Paraíso. Así sea.

Bienaventurado San Juan Bosco, rogad por nosotros.

Triple Invocación

Primera: A Jesús Sacramentado

Dulcísimo Jesús, que tenéis vuestras delicias en morar entre los hijos de los hombres y ser su alimento espiritual: por los méritos de San Juan Bosco que, con tanto celo, cultivó entre los jóvenes y en todo el pueblo cristiano, el amor y la unión frecuente con vos -¡Oh Jesús Sacramentado! concededme la gracia que humildemente os pido con todo el fervor de mi alma.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Jaculatoria

Sea alabado y reverenciado en todo momento, el Santísimo y Divinísimo Sacramento.

Segunda: A María Auxiliadora

Virgen Santísima, Auxiliadora de los Cristianos que, por medio de San Juan Bosco, habéis realizado y continuáis realizando tantas maravillas, concededme también a mí pobre pecador, por vuestra materna bondad y por los méritos de vuestro fiel Siervo, la gracia que humildemente imploro con todo fervor de mi alma.

Salve

Jaculatoria

María, Auxilio de los Cristianos, rogad por nosotros

Tercera: A San Juan Bosco

Y vos ¡oh San Juan Bosco! presentad mis súplicas a Jesús y a María; valoradlas con vuestra piadosa intercesión y, con la gracia que imploro, concededme también un amor cada día más ardiente al Santísimo Sacramento y a María Auxiliadora. Así sea.

Dígase ahora tres veces

¡Oh bienaventurado San Juan Bosco que dijisteis: “Fe -tened fe- y veréis lo que son los milagros”, ved que con fe viva os pido esta gracia.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Jaculatoria

Glorioso San Juan Bosco, rogad por nosotros.

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