Don Bosco Meditaciones

Meditación para el día lunes: El Pecado Grave

Salesiano, San Juan Bosco, Don Bosco, Parroquia Espíritu Santo, Las CharcasAh, si conocieras el enorme disparate que haces cuando cometes un pecado grave.

Vuelves la espalda a Dios que te creó y que tantos favores te ha concedido. Desprecias su gracia y su amistad. Vuelves fea y horrible tu alma y te preparas castigos para el día del Juicio.

Quien peca dice de hecho al Señor “Vete lejos: no quiero obedecer lo que tú me mandas, no quiero vivir en tu amistad. No me importan tus premios ni tu cielo. Me interesa más ese placer, el darle gusto a mis pasiones y a mi egoísmo, vengarme del que me ofendió, aceptar esa mala conversación, ver esas imágenes impuras, asistir a esos espectáculos indecentes; robar, mentir, inventar falsos testimonios contra otros, dejarme vencer por la pereza y así no ir a la misa los domingos; malgastar mi tiempo y no cumplir mis deberes de cada día; hacer malas acciones; dar majos ejemplos; consentir malos pensamientos o malos deseos; creer en brujerías o maleficios o mentiras de mentalistas, etc, etc…”

¿Puede imaginarse una ingratitud mas monstruosa que renunciar a la amistad del buen Dios que nos creó y que nos ayuda sin cesar, por dedicarse a lo que a Él más le fastidia? Pues eso, es sencillamente lo que haces cuando pecas.

Cuán grande es nuestra ingratitud para con Dios cuando pecamos, se aprecia aun más cuando reflexionamos que para pecar utilizamos los mismos bienes que Dios nos dio. Dios te dotó de cinco maravillosos sentidos: vista, oídos, tacto, olfato y gusto. Te dio tus manos y tus pies, tu corazón y tu cerebro. ¿Y de todo esto te vales para ofender a tu Creador?

Dios te puede repetir lo que dijo por medio del profeta: “¿Qué más podía hacer por ti que no lo haya hecho? Te creé de la nada y te dí todo lo que tienes, y ¿ahora te avergüenzas de adorar a tu Dios y no te acuerdas de Él durante el día? Tus pecados te llevaban a la eterna condenación y el mismo Hijo de Dios murió crucificado por salvarte y derramó por ti toda su sangre en la cruz, y ¿no sientes remordimiento por ofenderle?”

¿Quién no siente el corazón emocionado de arrepentimiento por haber cometido ingratitudes tan grandes contra un Dios tan bueno y generoso que nos sigue amando tanto a nosotros a pesar de ser creaturas tan miserables?

Debes considerar también que aunque Dios es tan extremadamente bondadoso, sin embargo se disgusta grandemente cuando lo ofendemos. Él le dijo a Moisés en el Sinaí: “Soy el Dios bondadoso y rico en misericordia, que perdono el pecado, pero no lo dejo sin castigo”. (Éxodo 34)

Piensa que cuanto más tiempo vivas en pecado, tanto más aumentas y desafías la ira de Dios contra ti. Por tanto debes tener temor de que se cumpla en tu alma la temible noticia de la Sagrada Escritura: “Sus pecados han llegado al límite máximo, y ahora procederé a pedirle cuenta de sus maldades”. Debes considerar como escrita para ti la frase del Salmo 94: “Hoy si escuchas la voz de Dios no endurezcas tu corazón”.

No es que se va a disminuir la misericordia divina ni el buen deseo de Dios de perdonarte, pero te puede faltar el tiempo oportuno para pedir perdón y enmendar tu vida de pecado. Recuerda que no merece misericordia quien continuamente abusa de la misericordia que se le ofrece.

Cuantos viviendo en pecado, esperaban arrepentirse al final de la vida, y mientras tanto les llegó la muerte repentina o imprevista, les faltó tiempo para arreglar los asuntos de su conciencia y de su alma y ahora, ¿dónde estarán?

Hacia el lado que el árbol se ladea, hacia ese lado cae. Si te ladeas hacia el amor de Dios y hacia las obras buenas, caerás hacia la salvación. Si sigues ladeándote hacia el pecado, puedes caer hacia la perdición eterna.

Piensa lo que te va a suceder si sigues en tus pecados. Puede ser que ya no falte sino un pecado grave más para que se complete la medida de pecados que Dios señaló que te toleraba. Y al cometer este pecado estalle la ira divina y te fulmine y te mande castigos que no te imaginabas. Por eso el Salmo Segundo dice: “Sirvan al Señor con santo temor, no sea que se irrite y los haga perecer. Porque su cólera se inflama de repente”. De vez en cuando debes darle gracias a Dios por haberte perdonado tantas veces y no haberte castigado como merecían tus pecados y haberte esperado pacientemente para que convirtieras. Y ahora mismo deberías hacerle este propósito: “Señor ya te he ofendido demasiado. No quiero malgastar la vida que aun me queda en ofenderte más. Quiero emplear mi vida en amarte, en arrepentirme de mis culpas, en ofrecerte mis obras y mis penas, en unión de los sufrimientos de Cristo, para pagarte mis muchos pecados. Ya que hasta hoy he sido tan egoísta en ofenderte, en adelante quiero ser generoso en luchar por no desagradarte”.

Oh Jesús: Tú que dijiste “Todo el que comete pecado se hace esclavo del pecado” (Jn. 8,34) líbrame siempre de esa terrible esclavitud.

Oh María, refugio de los pecadores, haz que yo prefiera morir antes que pecar. Amén.

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