Nueve Martes a Don Bosco: Tercer Martes

Salesiano, San Juan Bosco, Don Bosco, Parroquia Espíritu Santo, Las CharcasPara empezar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de Contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, a mí me pesa, Señor, de todo corazón de haberos ofendido, y propongo firmemente nunca más pecar, confesarme, cumplir la penitencia que me fuere impuesta, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos. Os ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y así como os suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita, me los perdonaréis por los méritos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.

Oración

¡Oh glorioso San Juan Bosco! que con tan gran amor y celo cultivasteis las múltiples formas de apostolado que hoy florecen en la Iglesia: conceded a sus asociaciones el mayor progreso y desarrollo. Redoblad en todos los corazones la devoción a la Santísima Eucaristía y a María Auxiliadora de los Cristianos. Acrecentad en ellos el amor al Papa, el celo por la propagación de la fe, un solícito esmero por la educación de la juventud y grandes entusiasmos para suscitar nuevas vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras. Haced que en cada una de las naciones se fomente y arraigue la guerra contra la blasfemia y el mal hablar y contra la prensa impía; haciendo surgir en todas partes nuevos cooperadores para las diversas formas de apostolado recomendadas por el Vicario de Cristo. Conceded que tenga feliz éxito en la campaña por la modestia cristiana y consiga muchos sostenedores: infundid en todos los corazones católicos la llama de vuestro celo para que, viviendo en caridad difusiva, puedan, al fin de su vida, recoger el fruto de las muchas obras buenas practicadas durante ella. Así sea.

TERCER MARTES: Consideraciones sobre la virtud de la pureza.

La palabra de Don Bosco

Don Bosco solía decir: “Para conservar la hermosa virtud de la pureza os recomiendo haceros familiar el uso de las oraciones jaculatorias. Cuando arrecia la tentación, decid: “María, Santísima, ayudadme” – o sino, haced con devoción la Señal de la Cruz. Yo os aseguro que si vosotros pedís uno al Señor, os concederá diez. Y si queréis aún más: pedid esta virtud durante la Santa Misa. Desde los primeros tiempos del Oratorio he establecido que, llegada la Misa a la elevación, cesaran los cánticos y oraciones.

¿Sabéis por qué? Precisamente para que en esos preciosos momentos, cada uno tuviera comodidad de pedir al Señor, sin distracciones, la bella virtud. Creedme queridos niños, si vosotros pedís esa gracia en momento tan solemne, el Señor seguramente os la concederá”.

Ejemplo

La noche del 18 de junio e 1861, Don Bosco narraba a sus niños la siguiente visión, o “sueño”, como él modestamente la denominaba. Le pareció estar en la iglesia: pero de repente, ésta se trocó en un gran valle. Lleno de estupefacción, se decidió a caminar por él. A poco andar, pudo ver un hermosísimo palacio que tenía a su frente una plaza. Y en un rincó de ésta, un gran número de niños a quienes una matrona distribuía sendos pañuelos. Cada niño, recibiendo su pañuelo, subía y se ponía en fila en la vasta azotea del palacio. La Señora, al entregárselo, les decía: “Nunca lo despliegues cuando hay viento; pero si el viento te sorprende cuando ya lo has extendido, vuélvete siempre a la derecha, nunca a la izquierda”. Don Bosco observaba. Concluida la distribución, todos quedaron en fila sobre el terrado. Poco a poco comenzaron a sacar sus pañuelos.

¡Cuán hermosos eran! Grandes, recamados en oro; y en delicadísimas filigranas se leía: “Reina de las virtudes”. En eso se levantó un suave airecillo del norte, que pronto se trocó en viento. Entonces muchos doblaron sus pañuelos y los escondieron; otros se dieron vuelta a la derecha. Pero algunos quedaron con el pañuelo extendido. Entretanto al viento sucedía el temporal: truenos, lluvia, granizo, nieve. ¡Cómo quedaron los pañuelos que estaban expuestos al viento! Materialmente acribillados, deshechos. Las gotas parecían de plomo; la nieve misma los traspasaba. Don Bosco se adelantó, y con gran asombro, reconoció en aquellos niños a sus queridos alumnos. Entonces la Señora le explicó, a instancias del siervo de Dios: “Los que quedaron con los pañuelos desplegados eran los que expusieron su virtud al viento de las tentaciones; los que se habían dado la vuelta a la derecha eran los que, en peligro, invocaban al Señor”.

Don Bosco preguntó: “Pero, ¿cómo es que hasta las gotas y los copos de nieve los horadaban?. Las gotas y los copis ¿no significan los pecados veniales?”
-“y, ¿no sabes que en esto no se da parvedad de materia?” – respondió la Señora. Luego dio voz de mando: “A la derecha”, y todos los que obedecieron se hallaron con el pañuelo zurcido y arreglado.

En cambio, el de los que permanecían inmóviles, quedó completamente destrozado. “Estos -dijo la Señora- quizás, quizás, irán a la perdición…”

Florecilla

Llegado el momento de la Elevación, pide la gracia de practicar siempre la virtud de la pureza.

Oración

¡Oh bienaventurado Don Bosco! vos que superasteis todas las dificultades, tribulaciones y trabajos y lograsteis luces tan extraordinarias mediante la oración: concedednos la gracia de que comprendamos la necesidad que de rezar tenemos y, apoyados en esta palanca poderosa, nos levantemos hasta el Cielo, para cantar allá, las eternas misericordias del Altísimo. Así sea.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Súplica a San Juan Bosco para obtener del Señor gracias especiales

¡Oh bienaventurado San Juan Bosco! Cuando vivías en la tierra, no había persona que a Vos recurriese sin recibir pronto consuelo y ayuda, pues, por medio de María Auxiliadora, conseguíais de Dios tantos milagros.

Ahora que moráis en el Cielo, tan cerca de Jesús y de María Auxiliadora- vuestra y a la par nuestra tierna Madre- ¿cómo no será mucho más grande vuestro valimiento y poder?

Pues bien: mirad el apuro en que me encuentro, la necesidad que me apremia y auxiliadme con vuestra intercesión valiosísima, obteniéndome la gracia que imploro.

(Aquí se nombra la gracia que se desea alcanzar)

También Vos, en vida habéis probado las privaciones, enfermedades, ingratitudes, afrentas, calumnias, persecuciones… y sabéis lo que es sufrir.

Por eso, oh San Juan Bosco, os ruego volváis benigno a mi vuestra mirada y me otorguéis cuanto os pido, o lo que fuere de mayor bien para mí.

Obtenedme, sobre todo, una perfecta conformidad con la voluntad de Dios, para que sea meritoria la cruz que la Divina Bondad se complace en regalarme.

Pongo, asimismo, bajo vuestro potente patrocinio a todos los seres de mi familia, para que los defendáis de todo mal, en el alma y en el cuerpo y podamos así todos, un día, haceros corona en el Paraíso. Así sea.

Bienaventurado San Juan Bosco, rogad por nosotros.

Triple Invocación

Primera: A Jesús Sacramentado

Dulcísimo Jesús, que tenéis vuestras delicias en morar entre los hijos de los hombres y ser su alimento espiritual: por los méritos de San Juan Bosco que, con tanto celo, cultivó entre los jóvenes y en todo el pueblo cristiano, el amor y la unión frecuente con vos -¡Oh Jesús Sacramentado! concededme la gracia que humildemente os pido con todo el fervor de mi alma.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Jaculatoria

Sea alabado y reverenciado en todo momento, el Santísimo y Divinísimo Sacramento.

Segunda: A María Auxiliadora

Virgen Santísima, Auxiliadora de los Cristianos que, por medio de San Juan Bosco, habéis realizado y continuáis realizando tantas maravillas, concededme también a mí pobre pecador, por vuestra materna bondad y por los méritos de vuestro fiel Siervo, la gracia que humildemente imploro con todo fervor de mi alma.

Salve

Jaculatoria

María, Auxilio de los Cristianos, rogad por nosotros

Tercera: A San Juan Bosco

Y vos ¡oh San Juan Bosco! presentad mis súplicas a Jesús y a María; valoradlas con vuestra piadosa intercesión y, con la gracia que imploro, concededme también un amor cada día más ardiente al Santísimo Sacramento y a María Auxiliadora. Así sea.

Dígase ahora tres veces

¡Oh bienaventurado San Juan Bosco que dijisteis: “Fe -tened fe- y veréis lo que son los milagros”, ved que con fe viva os pido esta gracia.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Jaculatoria

Glorioso San Juan Bosco, rogad por nosotros.

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