Nueve martes a Don Bosco: Primer martes

Sugerencias para realizar este ejercicio:
1. Estos ejercicios piadosos se pueden igualmente recitar por nueve martes consecutivos o, incluso, por nueve días consecutivos , pues revisten el carácter de un verdadero Novenario.
2. Para mayor eficacia, y según el consejo insistente de San Juan Bosco, se recomienda a los fieles la frecuencia de los Santos Sacramentos de la Confesión y de la Comunión. Procúrese recibirlos al menos una vez, en el transcurso de la Novena.
3. También solía aconsejar Don Bosco alguna obra de caridad en señal de agradecimiento y como cooperación a sus Obras.


Salesiano, San Juan Bosco, Don Bosco, Parroquia Espíritu Santo, Las CharcasPara empezar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de Contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, a mí me pesa, Señor, de todo corazón de haberos ofendido, y propongo firmemente nunca más pecar, confesarme, cumplir la penitencia que me fuere impuesta, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos. Os ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y así como os suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita, me los perdonaréis por los méritos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.

Oración

¡Oh glorioso San Juan Bosco! que con tan gran amor y celo cultivasteis las múltiples formas de apostolado que hoy florecen en la Iglesia: conceded a sus asociaciones el mayor progreso y desarrollo. Redoblad en todos los corazones la devoción a la Santísima Eucaristía y a María Auxiliadora de los Cristianos. Acrecentad en ellos el amor al Papa, el celo por la propagación de la fe, un solícito esmero por la educación de la juventud y grandes entusiasmos para suscitar nuevas vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras. Haced que en cada una de las naciones se fomente y arraigue la guerra contra la blasfemia y el mal hablar y contra la prensa impía; haciendo surgir en todas partes nuevos cooperadores para las diversas formas de apostolado recomendadas por el Vicario de Cristo. Conceded que tenga feliz éxito en la campaña por la modestia cristiana y consiga muchos sostenedores: infundid en todos los corazones católicos la llama de vuestro celo para que, viviendo en caridad difusiva, puedan, al fin de su vida, recoger el fruto de las muchas obras buenas practicadas durante ella. Así sea.

PRIMER MARTES: Consideraciones sobre la importancia de la salvación.

La palabra de Don Bosco

Don Bosco solía decir: “Hijos míos, procurad que, cuando vuestro cuerpo sea reducido a cenizas, vuestra alma esté feliz y dichosa en el cielo. Estad atentos para que vuestro cuerpo no sea la causa de vuestra perdición. Pensemos, una vez siquiera, en un negocio de tan grande importancia. Seamos cuerdos y no insensatos: porque si no, llegaría el día en que tendríamos que llorar muy amargamente nuestra insensatez”.

Yo quisiera entrar en el corazón de todos para quitar una idea y poner otra en su lugar. La idea que quisiera sacar de vuestra mente es ésta -Salvar el alma, viviendo en pecado-, y la idea que quisiera poner en su lugar sería ésta: ‘Hijo mío, tienes una vida sola; sálvala'”.

Ejemplo

Dondequiera Don Bosco estuviese, le preocupaba siempre el pensamiento de la salvación. Hallábase, en cierta ocasión almorzando en cada del Conde Cambursano. Entre los invitados había un General, quien nunca se había ocupado de los asuntos de su alma. Después de haber conversado extensamente de sobremesa, Don Bosco estaba para retirarse, cuando el General, que durante el almuerzo lo había estado constantemente observando con viva admiración, se le acercó y le dijo:
-Dígame alguna palabra como recuerdo de esta entrevista.
-Señor General- repuso Don Bosco con toda intención- rece mucho para que el pobre Don Bosco salve su vida.
-¿Yo rezar por usted?- contestó el General, admirado de la inesperada recomendación, -más bien sugiérame algún consejo.
-Rece por mí, -replicó Don Bosco.- Como usted ha visto, todos los que me rodean se imagina que yo esté casi para ser puesto sobre los altares. Y no se percatan de su gran engaño; al menos usted, ayúdeme a salvar mi alma.

Pero, como insistiese el General por tercera vez, Don Bosco, que con esas palabras habíale preparado ya el corazón, terminó:

-Mi consejo es éste: Piense que también usted tiene una vida que salvar.
-¡Ah Don Bosco! -exclamó aquel señor- gracias por sus palabras. En lo porvenir quiero rezar y rezaré también por usted; pero ud no me olvide en sus oraciones.

Poco tiempo después repetía: “De Don Bosco debía venirme el aviso y él sólo era capaz de hablarme con semejante franqueza”. Sobra decir que el consejo produjo en su vida el fruto deseado.

Florecilla

Haz una breve, pero fervorosa visita a Jesús Sacramentado pidiéndole la gracia de salvar tu vida.

Oración

¡Oh bienaventurado Don Bosco! vos que entregasteis lo mejor de vuestras energías y lo más selecto de vuestro espíritu por la salvación de las almas; Vos que sufristeis con varonil entereza todas las dificultades que se oponían al bien de las almas: no permitáis que las nuestras sean presa del enemigo infernal, sino que, animadas con tu ejemplo y auxilio, consigan un día ver a su Creador en el esplendor de su gloria. Así sea.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Súplica a San Juan Bosco para obtener del Señor gracias especiales

¡Oh bienaventurado San Juan Bosco! Cuando vivías en la tierra, no había persona que a Vos recurriese sin recibir pronto consuelo y ayuda, pues, por medio de María Auxiliadora, conseguíais de Dios tantos milagros.

Ahora que moráis en el Cielo, tan cerca de Jesús y de María Auxiliadora- vuestra y a la par nuestra tierna Madre- ¿cómo no será mucho más grande vuestro valimiento y poder?

Pues bien: mirad el apuro en que me encuentro, la necesidad que me apremia y auxiliadme con vuestra intercesión valiosísima, obteniéndome la gracia que imploro.

(Aquí se nombra la gracia que se desea alcanzar)

También Vos, en vida habéis probado las privaciones, enfermedades, ingratitudes, afrentas, calumnias, persecuciones…y sabéis lo que es sufrir.

Por eso, oh San Juan Bosco, os ruego volváis benigno a mi vuestra mirada y me otorguéis cuanto os pido, o lo que fuere de mayor bien para mí.

Obtenedme, sobre todo, una perfecta conformidad con la voluntad de Dios, para que sea meritoria la cruz que la Divina Bondad se complace en regalarme.

Pongo, asimismo, bajo vuestro potente patrocinio a todos los seres de mi familia, para que los defendáis de todo mal, en el alma y en el cuerpo y podamos así todos, un día, haceros corona en el Paraíso. Así sea.

Bienaventurado San Juan Bosco, rogad por nosotros.

Triple Invocación

Primera: A Jesús Sacramentado

Dulcísimo Jesús, que tenéis vuestras delicias en morar entre los hijos de los hombres y ser su alimento espiritual: por los méritos de San Juan Bosco que, con tanto celo, cultivó entre los jóvenes y en todo el pueblo cristiano, el amor y la unión frecuente con vos -¡Oh Jesús Sacramentado! concededme la gracia que humildemente os pido con todo el fervor de mi alma.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Jaculatoria

Sea alabado y reverenciado en todo momento, el Santísimo y Divinísimo Sacramento.

Segunda: A María Auxiliadora

Virgen Santísima, Auxiliadora de los Cristianos que, por medio de San Juan Bosco, habéis realizado y continuáis realizando tantas maravillas, concededme también a mí pobre pecador, por vuestra materna bondad y por los méritos de vuestro fiel Siervo, la gracia que humildemente imploro con todo fervor de mi alma.

Salve

Jaculatoria

María, Auxilio de los Cristianos, rogad por nosotros

Tercera: A San Juan Bosco

Y vos ¡oh San Juan Bosco! presentad mis súplicas a Jesús y a María; valoradlas con vuestra piadosa intercesión y, con la gracia que imploro, concededme también un amor cada día más ardiente al Santísimo Sacramento y a María Auxiliadora. Así sea.

Dígase ahora tres veces

¡Oh bienaventurado San Juan Bosco que dijisteis: “Fe -tened fe- y veréis lo que son los milagros”, ved que con fe viva os pido esta gracia.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Jaculatoria

Glorioso San Juan Bosco, rogad por nosotros.

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